Para los que viven su primer Fin de Año


Algunos pensarán que no hay cómo la primera vez, esa sensación de cosquilleo que se produce en ese Fin de Año de los 15 o los 16 en que crees que te vas a pasar la mejor fiesta de tu vida. Qué ilusión esa previa, esas reuniones que se montan alrededor de una mesa de amigos pensando en todo lo que va a suceder, con quiénes se van a encontrar, cómo se van a vestir, todo lo que van a disfrutar. Verse en los ojos de los 16, como los de mi sobrina, me llevan a recordar aquel primer Fin de Año, que yo públicamente jamás podré contar (y que mi madre, que me lee, no debe saber). Así que no pienso relatarles las intimidades de aquella despedida de 1988, que ahora mismo les está sacando una sonrisa colorada a mis amigas, pero sí inevitablemente tengo que citar ese templo fiestero de todos los coruñeses que es el Playa. Parece que no ha pasado el tiempo por él, pero allí vuelven las generaciones que nos suceden en esa noche tan estresante como desilusionante para algunos, y tan deslumbrante para otros. Los fans y los haters de Fin de Año, si son de Coruña, habrán tenido que pisar el Playa sí o sí, como lo hicimos nosotras aquel 1988, en que sonaba George Michael y en el que no pudimos ni siquiera bajar las escaleras. Nos quedamos atascadas en el bullicio terrible de la gente porque, cómo no, se habían vendido más entradas del aforo permitido. Eran esas primeras experiencias que te dejaban arañazos literales, pero también metafóricos. Lo apostabas todo a una noche que a la media hora podía quedar frustrada por una mala organización, pero que te habías trabajado horas y horas con toda la ilusión del mundo. Aquel año en el Playa no pudimos bailar, y aún tengo fijada en la mente la foto de alguna que salió sin zapatos, con las medias rotas, despeluxada, en un delirio de madrugada en que poco se pudo celebrar. Esa noche fue tan mítica como la inauguración de Pachá en que nos volvió a suceder lo mismo, porque los ochenta fueron para bien y para mal todo un exceso.

Hubo a partir de ahí otros momentos míticos en el Playa, como en todas esas fiestas que montamos después en los pubs de moda, y en los que ya Emilio Ron andaba por el medio montándonos a todos la juerga, cuando todavía no habíamos cumplido los 20 años. Ahora, que han pasado otros 20 más, se la va a organizar de nuevo a toda la chavalada que pisará el Playa por primera vez con las mismas ganas que le pusimos todos entonces. Solo que los padres de esos críos somos ahora nosotros y, en la alerta que nos pone el recuerdo de aquella primera noche, hemos tomado medidas. Sé de buena tinta que Emilio ha prometido una noche tranquila en la que solo habrá mucha, mucha diversión. Ojalá que los chicos de 16 la vivan como se merecen y sin tanto sobresalto como aquella noche de 1988 en que, de verdad, mamá, todo salió bien.

Por crÓNICAs Coruñesas

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