Estamos encendidos con la Navidad


Oficialmente ya estamos encendidos y eso a los que tenemos niños nos enchufa enseguida. Y aunque a muchos nos hubiese gustado que las bolas se hubiesen iluminado un viernes por la tarde o un sábado, por aquello de que hay más posibilidad de darse un paseo con los críos de la mano, la suerte ha caído en un martes de diciembre. Pero ya está, ya tenemos la magia sobre nosotros y por fin podemos caminar con la sensación de que hemos cumplido y de que nos invade otro espíritu. Ya podemos ver las cosas de otra manera. Con la misma fuerza, al menos, con la que la veíamos cuando íbamos de pequeños a los escaparates de El Pote o a los de Barros y nos quedábamos maravillados con el Scalextric, la Nancy, el Madelman (qué bueno estaba el Geyperman) o el Baby Mocosete. Cuando aquella planta de juguetes -convertida hoy en hotel- te parecía el escenario perfecto para la película que tenías montada en la cabeza con tus hermanos. Cuando el Super CinExin conseguía sacar a la guionista que llevabas dentro y el Autocros te conducía a la mejor de las salidas.

La de escaparates que te hacían los ojos golosos y el vértigo que te daba verte por primera vez subiendo las escaleras mecánicas para llegar a la zona de los Clicks de Famóbil, que sin duda fue el juguete estrella de la generación Mazinger. Aunque las Barriguitas consiguieron también que hiciéramos una buena colección. A saber dónde se habrán quedado aquellos Walkie-Talkies con los que mi hermano y yo hablábamos de una habitación a otra. «Corto. Cambio». Y vaya si cambiábamos, al minuto estábamos los dos intentando pintar a las muñecas de Famosa (y al Madelman) con todo aquel maletín de maquillaje de la Señorita Pepis («Es la moda juvenil»). Los Juegos Reunidos Geyper eran un fijo en todas las casas con suerte, pero había años en que los Reyes arriesgaban y te traían el Quimicefa, que para algunos fue el primer experimento a lo Breaking Bad. La que liabas en la cocina. Pero en un pispás hacías Magia Borrás y montabas el siguiente show. El año del monopatín fue un regreso al futuro que nos hizo bajar a toda velocidad por las aceras, y eso que Marty McFly no había aparecido todavía y los patinetes eléctricos tampoco. Pero ahí estábamos nosotros jugándonosla.

Con la misma ilusión que ahora todos esos enanos que están subidos de puntillas a los mejores escaparates en busca del último hit de la Patrulla Canina, del FIFA 2019 o de Peppa Pig. La crónica que harán dentro de 40 años cuando recuerden la Navidad de Marineda City y el encendido de El Corte Inglés y la Estrella de la Muerte que se colocaba todos los años en La Marina, aunque se iluminara por primera vez un martes por la tarde. En poco tiempo lo vemos todo de pronto con otro espíritu.

Autor crÓNICAs Coruñesas

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