La comarca se prepara para vivir la Navidad

Mientras en las panaderías hacen acopio para que los roscones lleguen puntuales a su cita, las floristerías despachan coronas vegetales y los más pequeños enseñan villancicos y montan el belén


A Coruña

Los primeros leds anuncian la llegada de la Navidad. Cuelgan del escaparate de la floristería de Tania Brea, en O Burgo. A su lado hay más objetos que recuerdan que el 24 de diciembre está más cerca. Un pequeño árbol, algún reno. Porque en la comarca hay tradiciones que no fallan y otras que se incorporan a la vida de los vecinos. «Llevo 12 años con la floristería. Desde que empecé hasta ahora las tradiciones han cambiado mucho: pasamos de los árboles de plástico a decorar la casa y los negocios con elementos vegetales: coronas, guirnaldas...», cuenta Tania. Ella se prepara para una de las épocas grandes: en la era de las redes sociales decorar la casa se convierte en la tradición número uno. «La decoración natural está muy de moda. Se llevan los abetos, distintas variedades de tullas, pino…», apunta Tania. 

Entre los fans de esta nueva moda los vecinos de entre 30 y 50 años, «que tienen una casa y que se preocupan más por la decoración». Hay otro clásico que no falla: la flor de Pascua. «Cada vez la piden más y no hay casa que no la tenga. Este año están preciosas porque no hubo mucha humedad», asegura. El turrón llega antes a las tiendas, y la decoración se adelanta. «Antes, hasta mediados de diciembre no venía la gente. Ahora ya están empezando a llegar los primeros encargos para tener todo listo para el puente de diciembre», apunta Tania.

En el mismo concello, en Culleredo, pero a unos kilómetros, en Castelo Studio se preparan para recibir la Navidad como se merece. Al frente de esta casa mágica cerca del monte Xalo está Iria Castelo. A su taller llegan artistas de todo el mundo para empaparse del buen gusto de este talento de la comarca. Este mes tienen previsto un taller especial de Navidad para aprender a hacer adornos vegetales con Ai Carmiña y cerámica con la Madriguera Work Shop, de Miño. El plan: reunirse al calor de una chimenea, disfrutar de la naturaleza y vivir un momento de postal. 

Fotos de familia

Del otro lado de la ría de O Burgo, en O Temple, Denia Louro trabaja para recuperar una tradición de antes de la era digital: las fotos analógicas. Su propuesta, muy popular en EE. UU., donde la Navidad se vive intensamente, es hacer fotos de familia, sobre todo de los más pequeños. Las imágenes se hacen sobre decorado navideño: chimenea, regalos, un trineo, nieve… «La idea es que los padres puedan ir coleccionando momentos de los niños, y recuperar un poco la tradición de nuestros padres, que hacían menos fotos, pero de más calidad», apunta Denia. «Los mayores tienen fotos que están muy bien, que 40 años después siguen estando ahí. Y ahora hay veces que las fotos se quedan perdidas en el móvil, que nunca se llegan a imprimir y que incluso se acaban perdiendo», asegura.

En su estudio tiene dos escenarios navideños y por allí posan los pequeños con gorritos de Papá Noel mientras Denia se los mete en el bolsillo para que saquen la mejor sonrisa. «Es un regalo que les encanta a los abuelos y a los padrinos», apunta. Aunque cuenta que en la comarca no hay tanta tradición de enviar postales, si llegan a su estudio clientes de Portugal, Argentina o Venezuela que quieren hacer la sesión navideña para poder enviar las fotos a las personas de sus familias que viven lejos.

«Los niños se lo pasan súper bien, vienen muy emocionados. Aquí se encuentran muchas cosas para interactuar, para que jueguen y si se rompe algo no pasa nada», cuenta Denia emocionada. Y los pequeños, ¿esperan que Papá Noel baje por la chimenea del decorado que hay en Louro Estudio? «No, estos niños ya lo saben todo, es más difícil engañarlos», bromea. 

El belén

En Cambre, otro grupo de niños se prepara para uno de los momentos más esperados del año: belén viviente. Esta tradición que se celebra en el municipio desde hace 17 años en la parroquia de Bribes. Jairo es uno de los pequeños que participará en la recreación de este mes. Lleva enseñando con el resto de los 14 niños desde principios de noviembre. No es su primera vez metiéndose en el papel de un habitante de Belén. «El año pasado hice de panadero», cuenta emocionado. Aquí los papeles que triunfan son en los que hay que mojarse las manos. «El de alfarero también gusta mucho», asegura Pilar Agilda, la encargada de coordinar a los pequeños y de ensayar con ellos los villancicos que cantarán esta temporada. Pilar, que trabaja en Apem, es una de las veteranas de este belén. «Llevo casi desde el principio. Los niños se lo pasan muy bien, están todo el día fuera de casa, disfrazados, cantan paxoliñas… Hay algunos que llevan casi desde que son bebés. La pena es que cuando llegan a la adolescencia muchos dejan de venir», cuenta.

En el centro social trabajan en los últimos ensayos. El grupo de este año va de los 3 a los 14 años. «Pasamos un buen rato juntos y es muy divertido», cuenta Carmen, otra de las pequeñas, mientras Claudia y Eva dejan claro qué papel les gustaría interpretar: «¡Queremos ser panaderas!».

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