A CORUÑA

Multitud de vehículos se agolpaban ayer en las inmediaciones del centro comercial Marineda City, que volvió a convertirse un año más en el epicentro del Black Friday coruñés. En torno a las 18.00 horas, desde la rotonda de A Grela y el acceso desde As Rañas se veía un serpenteo luminoso de entradas y salidas que se sostuvo hasta el final de la tarde, con el cierre de los comercios.

El trasiego de compradores dejó tras de sí algún testimonio de cansancio. José Antonio Rodríguez, al que acompañaba su esposa, acudió a Marineda City a comprar un regalo para un familiar, pero no lo hizo porque el día brindase ofertas. «Es para una fiesta, pero si no llega a ser por eso, no venía», contaba con una sonrisa. Sus dos hijos, ya en la treintena, «dejaron de venir un par de años después de la primera campaña». Mientras, Víctor Rama, de Sada, adquiría en la tienda del Deportivo un chándal para su hijo. «Está de cumpleaños, así que coincidió así, pero también hemos aprovechado algún descuento», detallaba.

Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, Monte Alto hacía gala de su particular idiosincrasia. José Luis Boado, presidente de la Asociación de Vecinos y Comerciantes del barrio, explicaba que «el Black Friday está más pensado para grandes superficies con mucho volumen de producto». El antídoto de sus vecinos, por decirlo de alguna manera, es abogar por la fidelidad y el cara a cara. Javier Monteagudo, que regenta una zapatería en la calle de A Torre, desgranaba que «aquí, el Black Friday es todo el año», porque «los descuentos se hacen siempre porque la clientela es de la zona». Para él, muchos de los rostros que han pasado estos días por su tienda son los de siempre, «aunque es verdad que con los carteles, más gente se para», afirmaba.

En el Agra do Orzán, José Manuel Castro, que dirige la Asociación de Comerciantes Agra-Barcelona, recuerda que «en el 2014 comenzaron a notar un alza en las ventas». Ocurrió que la promoción aún era casi virgen entre el pequeño propietario de la ciudad y, con el tiempo, se unieron más. «Ahora está masificado y ya no se respetan ni las fechas, porque hay gente que inicia las rebajas de Navidad el día 2 de diciembre», decía. Aún hace descuentos, pero lo asumía casi como una técnica de supervivencia para no perder dinero.

Esa dualidad de aprovechar el Black Friday y sostener el comercio de siempre dejaba algún detalle interesante. En Os Mallos, por ejemplo, Susana Fernández, dueña de una herboristería en la calle Ángel Senra, compraba al mediodía en una tienda de complementos a pocos metros de allí. También lo hacía debido a un aniversario y aludía a la importancia de la retroalimentación entre los vecinos: «Hay que recuperar el comercio del barrio». Alba Balsa, mientras empaquetaba el regalo, incidía en que «ya fijamos precios ajustados para intentar vender casi todos los días», pero instaba a ser positivos: «Aquí, hay mucha mujer autoempleada, con formación». Y sentenciaba: «Queremos creer que al pequeño comercio aún le queda partido».

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El Black Friday llena las tiendas y colapsa los accesos a la ciudad