Una gaviota de alas muy blancas

Antaño raras aquí, hoy las gaviotas cabecinegras son comunes en todo el litoral


Llego a Santa Cruz poco después del amanecer. Me acerco al paseo marítimo, salpicado de algas oscuras depositadas por las olas en la última pleamar. Todavía falta un rato para que el sol caliente justo aquí. Es por ese nuevo hotel que están construyendo. Su sombra es larga y ancha durante las primeras horas de estos días casi invernales. En el interior y alrededores del edificio los obreros se afanan en sus tareas.

Me vuelvo hacia la bahía. La imagen que contemplo sobre las rocas es muy diferente. Allí las gaviotas se entregan a la más envidiable modorra.

Bueno, no todas. Entre las que duermen con el pico entre las plumas del dorso y las que parecen entregarse a una apática contemplación del paisaje, hay algunas bastante ocupadas. Me fijo en la más próxima a donde estoy. Se acicala a conciencia, con un esmero que dice mucho de su concepto de la higiene personal. Es un adulto de gaviota cabecinegra. Solo que, en estas fechas del año, su cabeza no es negra, sino blanca y jaspeada de plumas oscuras. El resto de su plumaje es muy blanco, salvo por las partes superiores, de tono gris pálido.

Una cabeza cambiante

Es en primavera cuando mejor se entiende el nombre de esta especie. Entonces luce un completo pasamontañas negro en el que solo destacan, a modo de párpados en torno a los ojos, unas pocas y pequeñas plumas blancas. También su pico resulta durante esos meses muy llamativo, con la punta amarillenta, tras ella un anillo negro y el resto de color coral oscuro.

Hace más de tres décadas, cuando yo daba mis primeros paseos ornitológicos por esta y otras zonas de nuestra ría, la cabecinegra era todavía una gaviota rara de ver. Y eso que ya a finales de los años sesenta había comenzado su expansión natural desde el este del Mediterráneo hacia el Atlántico. Hoy mantiene prósperas colonias desde el Reino Unido y Francia hasta Ucrania y Turquía, pasando por el sur del Báltico. Muchas de ellas vienen a nuestras costas en invierno. Es precisamente en octubre y noviembre cuando más se ven pasar en pequeñas bandadas ante nuestros cabos. Algunas se detienen aquí. Otras continúan hacia el sur.

En esta zona, el ornitólogo Tucho López Porto ha detectado ejemplares nacidos en muy diferentes lugares. Hace pocos días, vio en Santa Cristina una originaria de la República Checa. Supo de dónde venía, y su edad, gracias a que como muchas otras portaba en una de sus patas una suerte de DNI en forma de pulsera grabada con un código alfanumérico exclusivo. Gracias a este sistema podemos estudiar sus poblaciones y sus migraciones.

La que tengo ante mí no lleva anilla alguna. ¿De dónde vendrá? Continúa atusando con escrupulosidad sus plumas, tan blancas. Salvo, me fijo, en el pecho. Ahí están algo manchadas. Acaso sea debido a esas aguas enlodadas que vienen llegando estos días hasta esta playa. Cuando termina de arreglarse, se pone también a dormir. Justo entonces asoma el sol.

Color de las alas

Las alas de los adultos son muy blancas. Solo llegan a serlo tanto las de dos especies de gaviotas del Ártico, la groenlandesa y el gavión hiperbóreo, poco comunes aquí.

Diferenciar cabecinegras y reidoras

Las gaviotas reidoras, muy parecidas a las cabecinegras, tienen la parte inferior de las alas bastante oscuras. Pero ojo: ¡los jóvenes de cabecinegra tienen los extremos de las alas mucho más oscuros que los de reidora!

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de A Coruña

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos
Comentarios

Una gaviota de alas muy blancas