Un diminuto depredador de vuelo ondulado

El buitrón tiene su hogar allá donde la hierba crece más alta


No lo veo todavía, pero sé muy bien por dónde anda: casi nunca sale de esas hierbas altas que me llegan por encima de la rodilla. Se oculta en ellas tan bien como un león entre los pastizales salvajes de la sabana africana. Lo cierto es que, a su diminuta manera, tiene algo de león. No ya por los colores pardos de sus plumas, jaspeadas en el dorso, sino por su condición de depredador feroz. Pero como sus ataques se dirigen a pequeños insectos, y no a cebras o gacelas, nunca llegará a protagonizar grandes documentales.

He venido a estos prados al pie de la Torre de Hércules para hacerle una foto bajo el foco de esta luz de octubre, ya tan oblicua. Pero siempre me descubre antes que yo a él. Con solo acercarme, y sin verlo todavía, he provocado su huida unos metros más allá. Al alejarse, en lugar de un león parece un duende alado y saltarín. Es por su vuelo ondulado. Cada vez que alcanza altura, deja escapar un reclamo breve, una única sílaba aguda que me suena un poco a enojo y otro poco a desafío. Como si me retara a encontrarlo cuando de nuevo se oculte entre su espesura.

Nombre poco apropiado

El buitrón es uno de los pájaros más pequeños de Europa. Y no tiene nada que ver con los buitres. A quien lo ve por vez primera, su nombre castellano le resulta muy chocante. Su origen, por lo visto, está en Andalucía, donde se han encontrado otras denominaciones que se refieren de forma igual de humorística a su diminuto tamaño: tumbabarcos, cienlibras... En algunas zonas de Valencia van más allá, y le llaman esclafamuntanyes; es decir, revientamontañas. Aquí en Galicia lo tratamos sin embargo con más respeto. Para nosotros es una carriza dos xuncos, o un picaxuncos.

Todo esto lo voy repasando mentalmente, con el sol a mi espalda, mientras aguardo a que asome entre la hierba. La vibración de un tallo alto y seco me indica dónde está ahora, probablemente dando cuenta de su merienda.

Colonización reciente

Hasta medio siglo, esta especie no era tan abundante en nuestra Comunidad. Hoy se distribuye de manera abundante por todos los hábitats de este tipo de la costa cantábrica. En el resto del planeta, te lo puedes encontrar en el entorno del Mediterráneo, la mitad sur de África, y desde la India y China hasta el norte de Australia. Su límite a la hora de ocupar nuevas zonas es el frío invernal.

Por fin sale. Levanto mi cámara y le hago una ráfaga de fotos antes de que desaparezca de nuevo. A continuación compruebo que solo ha salido bien en una de ellas. Más que suficiente. No le molestaré más. Para los próximos días anuncian vientos heladores, de modo que debe alimentarse cuanto pueda.

Telarañas para coser el nido

Los machos de buitrón fabrican nidos en forma de bolsitas colgadas de las hierbas altas. Para enhebrar las hojas que utilizan en ellos, usan hilos de araña. Terminarlos les lleva unos diez días.

La importancia de no segar todo

El buitrón es un buen ejemplo de por qué debemos preocuparnos por mantener amplias zonas sin segar aquí en la Torre de Hércules y en otros lugares de la ciudad: son el único hogar de muchos de nuestros vecinos salvajes.

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