Un pequeño navegante del Cantábrico

Los papamoscas cerrojillos llegan a la ciudad tras atravesar volando el mar Cantábrico


Intento no perderlo de vista por entre los árboles que hay junto al aparcamiento de la torre de Hércules, allí por donde se baja hacia la playa de O Areal da Lagoa, también conocida como As Lapas. Va cambiando de rama con unos vuelos breves, que muestran en sus alas unos paneles blancos muy vistosos.

Al posarse, llama la atención su expresión atenta. No se debe solo a sus grandes ojos oscuros. Es que no pierde de vista a cuantas moscas, mosquitos y demás insectos alados pululan esta tarde por aquí.

Cuando detecta uno que se entretiene demasiado en una brizna de hierba, o cuya dirección de vuelo considera previsible en la siguiente fracción de segundo, se lanza a por él y lo captura con habilidad. Y vuelta a empezar. Es mucho lo que deben comer esta tarde calurosa para, quizás esta misma noche, continuar su viaje.

Con vientos de nordeste

Es probable que este papamoscas cerrojillo haya abandonado hace uno o dos días el sur de las islas británicas. No puedo estar seguro de su origen, pero justo en estas fechas muchos de los suyos nacidos en ese archipiélago acometen la travesía del mar Cantábrico.

Lo hacen volando, claro, no impulsados por una amplia y blanca vela, como esos otros viajeros del norte que amarran sus barcos en los pantalanes de nuestro puerto. Aunque, como estos, los cerrojillos también se sirven del viento. Los aires constantes y no demasiado fuertes del nordeste les permiten alcanzar nuestra costa con mayor rapidez.

Rumbo al sur del Sáhara

Así es como, en algunos días de septiembre, a partir del mediodía, lugares como este llegan a llenarse de ejemplares de esta y otras muchas especies de pequeños pájaros migratorios. Sus destinos finales, donde pasarán todo el invierno, están al sur del desierto del Sáhara.

Ahora lleva un rato posado entre sol y sombra. Es mi oportunidad. Levanto mi cámara sin hacer movimientos bruscos, enfoco su figura y hago unas cuantas fotos. A continuación me entretengo observándolo a través de los prismáticos. Mientras lo hago, me asombro una vez más, y mira que he visto aves viajeras, de su extraordinaria fuerza y su capacidad de navegación. Si me entendiera, le daría la enhorabuena por su travesía por el Cantábrico, y le desearía la mejor de las fortunas en sus próximas etapas. Ojalá el buen tiempo le acompañe, no encuentre ningún depredador y llegue al destino mas próspero en insectos imaginable.

Por el momento, vuelve a volar para capturar más presas. Bocado a bocado, llena el depósito de energía de su organismo. Una energía, por cierto, de lo más contagiosa: según lo sigo viendo volar de aquí para allá, es como si también yo recargara las pilas de mi mejor ánimo.

EN BLANCO Y NEGRO

En primavera los machos de esta especie tienen un vistoso plumaje: casi negro en las partes superiores y blanco las inferiores. En otoño ya lo han mudado a tonalidades pardas.

REGRESO EN PRIMAVERA

En su regreso al norte en primavera, los papamoscas cerrojillos británicos eligen una ruta más oriental, a través del centro de España, donde además hay varias zonas de cría de los suyos.

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