Medallista gracias a sus mellizas

El marinense afincado en A Coruña preparó el mundial de cuadriatlón durante la baja paternal


pontevedra / LA Voz

Marta y Sofía están detrás del éxito deportivo de su padre. Ellas no lo saben. Apenas tienen tres meses, pero su nacimiento fue un punto de inflexión en una vida dedicada ya al deporte. Contra todo pronóstico, su llegada al mundo dio a su padre Jonathan Monteagudo algo muy valioso, tiempo. Y eso porque tiene dos ángeles que duermen muchas horas y le permiten disfrutar de la paternidad y de su otra debilidad, el piragüismo y el triatlón. En esta aventura también tuvo mucho que ver el Club de Triatlón Coruña, al que pertenece, su mujer Ana y su hermano Adolfo, que fue quien puso la semilla del deporte en su corazón siendo todavía un niño. Pero vayamos por el principio.

Este marinense de corazón y coruñés de adopción se puso hace unos meses el reto de acudir al Campeonato del Mundo de cuadriatlón, una disciplina deportiva que aúna natación, bicicleta, carrera a pie y piragüismo. No fue de la noche para la mañana, esta locura deportiva se gestó el año pasado en Asturias, cuando ganó al que entonces era campeón del mundo en esta disciplina, Enrique Peces. Se vio con fuerzas y su familia le dio el último impulso, el empujón que necesitaba para buscar retos aún mayores. Así que pensó: «¿Por qué no?».

Aprovechó la baja de paternidad (su mujer volvió al trabajo) de cuatro meses para cuidar de sus pequeñas y entrenar. Pero en medio de este esfuerzo deportivo había otro económico. ¿Cómo se subvencionaría? «Esta siempre es una de las partes más complicadas, la logística del desplazamiento, la estancia... suelen ser aspectos caros», reconoce Monteagudo. El Club de Triatlón Coruña sabía que tenía potencial, así que montó una campaña de crowfunding para recaudar dinero. Tenían que sumar 500 euros para poder viajar al Campeonato del Mundo de Alemania. «Colgaron mi historia y cuál era el objetivo, podías colaborar con diez, veinte o treinta euros a cambio de un regalito del club», explica este atleta, que pronto reunió 340 euros. «Mis compañeros habían conseguido otros doscientos por si nadie ayudaba», reconoce. 

Llamó a varias puertas

Esa no fue la única puerta a la que llamó. En estas lides siempre hay que tener un plan alternativo. Con sus buenos resultados como mejor aval, se sentó un día frente a su ordenador y contó sus intenciones deportivas a varios ayuntamientos y marcas deportivas, pero solo el Concello de Marín respondió a sus intereses. «Me pasé por allí y me ayudaron, les explique todo, otros, como el de A Coruña, no me respondieron», indica Jonathan. El dinero que le ha sobrado de esta prueba lo guardará para participar ahora en la carrera por la integración ENKI, que se celebrará en A Coruña. El deporte es pasión, pero también profesión para este marinense, que con 18 años se fue a la capital herculina a estudiar Actividad Física y del Deporte. De eso hace ya 13 años. Ahora trabaja con deporte adaptado en la Fundación María José Jove, aunque hasta hace poco lo compaginaba con el área de rendimiento en el club de As Xubias. «Este es un mundo más reconfortante, aquí el deporte es disfrute, superación y alegría, mientras que en rendimiento es más exigencia y metas», explica Monteagudo, que cuando se reincorpore volverá a trabajar de martes a domingo. «Entonces ya no tendré casi tiempo para entrenar», señala, al mismo tiempo que reconoce que «solo entrenó en verano». En este le han salido las cosas perfectas, pero su trayectoria se completa con una plata en el Campeonato de Europa Élite, bronce en el Campeonato del Mundo Élite y Plata en el Mundial de relevos, además de ser campeón de la Copa de España.

En Alemania participó en la distancia esprint con 750 metros nadando, 20 kilómetros en bici, cuatro en piragua y cinco kilómetros corriendo. Para cubrir esa distancia que para cualquier mortal es sobrenatural, Monteagudo entrena una media de dos horas al día. «Me gustaba el piragüismo, lo practico además desde que tengo seis años, y el triatlón, así que unir las dos cosas era una buena idea», señala.

Desde que llegó de Alemania con la plata al cuello, este joven marinense solo tiene una cosa en su cabeza. Descansar. En su agenda no hay horario para el deportes, ni el trabajo, ahora el tiempo que le queda de baja es para Marta y Sofía y por supuesto para Ana, su mujer. El sueño lleva la firma de las tres.

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