Esculturas que juegan al escondite

En Méndez Núñez varias figuras se «fugaron», en la Ciudad Vieja hay pedestales vacíos y los árboles en el paseo tapan a Mon Vasco

.PEDESTAL EN LA CALLE SAN FRANCISCO EN CIUDAD VIEJA
PEDESTAL EN LA CALLE SAN FRANCISCO EN CIUDAD VIEJA

Calle San Francisco, en la Ciudad Vieja. Turistas y vecinos pasan a diario ante un pedestal del que ha escapado la figura que un día sostuvo. «Me parece que hace tiempo había una cruz», apunta Salvador Peña, buen conocedor de la zona. Uno de los usuarios de la cercana residencia La Ciudad se sienta con frecuencia en este lugar y cree que «había un busto, me parece que de algún dominico, que tienen la iglesia ahí delante». No es el único pedestal vacío: en el jardín de San Carlos, en la esquina del fondo, al lado del Arquivo do Reino de Galicia, hay una fuente y detrás, rodeado por un seto, una columna a la que el paso del tiempo le ha ido oxidando los hierros interiores. Todo apunta a que sostenía una figura que no está. Uno de los jardineros habituales de San Carlos asegura que lleva años así y, de hecho, no recuerda haber visto ninguna escultura sobre este pedestal. Muy cerca, el busto de Sir John Moore otea el horizonte y quizá sigue esperando la siguiente noche de mayo en la que volverá el fantasma de lady Hester a hacerle una visita.

Si en la Ciudad Vieja algunas esculturas parecen fantasmas que se han marchado de sus pedestales, a saber si descontentas por la falta de atención y cuidado, en el paseo marítimo, en la rotonda situada frente al Acuario, la obra del escultor Mon Vasco que hacía guiños a la torre de Hércules también está a punto de desaparecer, al menos de la vista: los árboles del entorno han ido creciendo y el juego que el artista había hecho entre su escultura y el bimilenario faro romano que está detrás es ahora una relación casi imposible. De hecho, el monumento solo se ve desde un pequeño ángulo del paseo marítimo, mientras el seto destinado a protegerlo de las oleadas de salitre del mar sigue creciendo. Esta no es la única obra del artista con cuyo estado se muestra preocupado. Y es que su monumento dedicado al Año Internacional del Niño, ubicado en los jardines de Méndez Núñez, carece de identificación. «Fue un regalo de Unicef a la ciudad de A Coruña», apuntaba hace poco Jazmín Vasco, hija del escultor al que desde dicho organismo le encargaron la pieza. La figura tampoco cumple los parámetros de conservación que establece Unicef. 

«Niño de la espina»

Aunque la escultura de Mon Vasco está visible, en estos jardines parece que se ocultan las esculturas. «Leo en La Voz de Galicia la buena noticia de que las estatuas de los jardines de Méndez Núñez van a ser sometidas a un proceso de restauración. Podría aprovecharse la ocasión para realizar también un proceso de ‘busca y captura’ de alguna de ellas, que no la veo por alguna parte, y me temo que haya desaparecido». Esto escribe el doctor en Derecho Emilio Durán Corsanego en una carta dirigida a este diario. Se refiere a la escultura Niño de la espina, «una copia en piedra de una famosísima obra helenística en bronce, de autor anónimo griego de los siglos I-II antes de Cristo, que figuraba en numerosos jardines del mundo occidental, entre ellos los romanos del Capitolio y de Tívoli, en los Uffizi, en Versalles, en los jardines de Aranjuez y en el Museo del Prado. Representa al pastor Martius, un muchacho sentado sobre una roca que se quita con la mano derecha una espina que tiene en la planta del pie izquierdo».

Detalla este lector que la escultura estaba en Méndez Núñez, «desde cuándo, no recuerdo, pero ya en 1927 la coruñesa Sociedad de Fomento de Turismo edita una Guía de La Coruña y su provincia, impresa por Moret, que contiene una fotografía del Niño de la espina».

Desde la asociación de Amigos del Museo de Belas Artes aclaran que esta escultura fue retirada en su día para ser restaurada y ahora se halla en dicho museo.

Una estatua oculta para evitar rituales satánicos al confundirla con el diablo

En los jardines de Méndez Núñez había dos obras del escultor madrileño Felipe de Moratilla Parreto. Una era El pescador napolitano (1877) hecha en bronce y propiedad del Museo del Prado. Fue retirada para su restauración en el Museo de Belas Artes y ahora se exhibe en el Acuario. La otra era la de Baco y Themys que fue retirada también para ser reparada pero sigue oculta. El motivo es que esta escultura fue confundida por algunos con una figura del diablo y comenzaron a hacer rituales satánicos ante la misma. Responsables de su retirada evocan como los elementos de dichos rituales ponían en peligro la obra. Parece que Baco, dios romano del vino, el éxtasis y el desenfreno, había nublado la vista a algunos.

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