La tumba vacía de Curros Enríquez

A CORUÑA

ANGEL MANSO

En la parte posterior del monumento de Méndez Núñez hay un hueco tapiado que fue construido para enterrar al poeta

22 jul 2018 . Actualizado a las 10:37 h.

«La base es entendida para un emplazamiento rústico; el agua cae entre las piedras en cuyas grietas se sitúan elementos típicos de la flora galaica como el maíz, el tojo y el pino. A su lado aparecen figuras monstruosas que conectan con el basamento del Pórtico de la Gloria y en el caso que nos ocupa simboliza los males de Galicia: el caciquismo, la usura y la injusticia, combatidos por Curros en su obra y en su vida». Así definen desde la asociación cultural Francisco Asorey el monumento a Curros que hizo el escultor y que domina Méndez Núñez. Es una escultura «tan importante, o más, que la de Emilia Pardo Bazán», sostiene el escultor Manuel Ferreiro Badía que conoce bien las dos figuras puesto que, indica, trabajó en la restauración de ambas.

Sobre la del poeta, evoca cómo de pequeño «me gustaba mucho ir a verla, solo eso: ir a verla». Además, confiesa, «todos los niños trepábamos a lo alto». Esto es algo que algunos adolescentes siguen haciendo en la actualidad.

La escultura también atrajo en su día a un crío llamado Manuel María que, evoca su viuda, Saleta Goi, venía de la aldea «aínda que era de casa grande» y tuvo sus más y sus menos con otros escolares que frecuentaban el monumento y que acabarían tirándole agua de la escultura. El futuro poeta, lógicamente, se defendió, contando con la ayuda de «un tal Pumariño», y el hecho quedó grabado en su memoria.