Rodri García y el periodismo local


Un periodista es un profesional que acude al lugar de la noticia, la interpreta y la cuenta a través de un medio de comunicación. Pero habría que precisar: hasta que con el paso de los años adquiere tal dominio de su profesión que parece que son las noticias las que acuden a él para que las cuente. Esto es frecuente en el redactor de información local, que por la experiencia adquirida alcanza tal manejo de su oficio y del entorno que sale a la calle y atina enseguida con las novedades de su ciudad, mientras es capaz de recurrir a cientos de fuentes que lo ponen al día sobre los temas más interesantes. Tras ese proceso, el periodista veterano entra por la puerta de la Redacción cargado con un saco de noticias con las que podría hacer él solo medio periódico, algo que abruma cada verano a los becarios que estos días de junio empiezan a ocupar los ordenadores.

Con ese saco de noticias a cuestas llegaba cada día nuestro compañero Rodri García, o Manuel Rodríguez, o simplemente Manolo, como prefieran, que esta semana salió por esa misma puerta para escribir la contraportada de su carrera después de una merecida jubilación. Rodri ya era un reportero curtido en mil batallas cuando algunos llegamos a la Redacción de Cuatro Caminos allá por el año 1993, y suyas fueron las primeras sonrisas y las primeras palabras de ánimo que recordamos los que entonces contemplábamos aquel saco de noticias un poco abrumados y con la convicción de que jamás lo llenaríamos como él.

Hace unas semanas, con motivo de una charla sobre periodismo en un colegio de la ciudad, un muchacho de mirada incisiva me preguntó si el periodista era «una especie en extinción». Me vino a la cabeza entonces el saco de noticias de Manolo y le respondí que el periodismo está más vivo que nunca, que no hay manera de prescindir del intérprete de la realidad en un mundo sumergido en la desinformación, y menos cuando ves el trabajo de los que llevan una vida entera levantando exclusivas a base de honestidad profesional.

No hay periodista de cualquier medio local, no hay coruñés con actividad medianamente destacada, no hay calle de la ciudad y no hay baldosa de cada calle que no conozca a Rodri García. Lo que no acerté a explicarle a aquel chico es que, cada vez que se jubila un periodista veterano de la talla de Rodri, lo que sí se extingue tras la puerta de la Redacción es un saco cargado de noticias e impagables fuentes informativas. Como sucede con los médicos, los buenos reporteros dicen adiós en el momento en que más experiencia y conocimientos atesoran. Pero esto es tan inevitable como la necesidad del buen periodismo.

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