Trescientas personas esperan el «milagro» de la donación

Con 112 trasplantes realizados en lo que va de año, el Chuac celebró el Día del Donante llamando a la solidaridad


A Coruña / la voz

«Sin donante no hay trasplante, eso es lo más importante a recordar», decía ayer a las puertas del Chuac Francisco Encinar, trasplantado hace 22 años y miembro de Alcer, asociación de enfermos renales que, junto a los pacientes pulmonares de Airiños, se movilizaron en distintos puntos del hospital para hacer campaña en el Día del Donante.

A apoyar la labor de la mesa de afectados se acercaron buena parte de los miembros de la Oficina de Coordinación de Trasplantes del hospital coruñés y Fernando Mosteiro, responsable del equipo, volvió a insistir en la misma idea: «La lista de espera depende exclusivamente del número de donantes, porque en cuanto hay uno, nosotros operamos: es una cirugía urgente y no existe ningún otro impedimento que la falta de órganos, cuando aparece uno de inmediato se busca quirófano y se moviliza al equipo».

En esa espera que a menudo desespera se encuentran ahora mismo 298 personas en el área coruñesa. De ellas, 250 están pendientes de recibir un riñón, otras 17 necesitan un páncreas y 12 un hígado. Además, otra docena de enfermos cruzan los dedos para que un pulmón les llegue a tiempo, al igual que las siete que precisan un corazón, implantes que en Galicia solo se llevan a cabo en el Chuac.

Aún con esas vidas pendientes, Mosteiro señaló ayer como buena noticia el hecho de que, en lo que va de año, «solo hemos tenido una negativa familiar a donar en el hospital, para nosotros, un hito histórico». Si la tendencia se mantiene, el 2018 se cerrará sin superar la media estatal de oportunidades perdidas en las que, pese a tener un potencial donante, la familia rechaza ceder sus órganos. El año pasado, sucedió en el 22 % de los casos en Galicia, un 13 % en el conjunto de España.

En los cinco primeros meses de este año ha habido 18 donantes en el Chuac y se han practicado 112 trasplantes (en todo el 2017 fueron 256). Así, 58 pacientes recibieron un riñón, 28 un hígado, otros 15 un pulmón, hubo 10 implantes de corazón y uno de páncreas. «Vamos bien, aunque esto es muy voluble porque, repito, siempre depende de que aparezca un donante», insistió el coordinador de trasplantes. 

«Estoy muy agradecido con la vida»

Tras el infortunio de crecer enfermo, a José Antonio la suerte le sonrió dos veces. Las dos que apareció un donante para él. Y eso aún a pesar de tener un grupo sanguíneo de los llamados raros. «Estoy muy agradecido con la vida», dice este vecino del Agra de 65 años que ayer no dudó en contar su historia para poner rostro a las segundas y terceras oportunidades que, a veces, regala la humanidad. «La segunda vez -confiesa- yo ya no contaba con que apareciese un riñón para mí».

 No recuerda muy bien cómo empezó su travesía hacia el fallo renal, porque «me viene de niño». Siempre estaba enfermo y «no sé si fue por tanto medicamento, pero los riñones fueron a menos, fueron a menos... hasta que pararon de funcionar», cuenta.

Fue tirando, trabajó en decoración, después en una empresa auxiliar de conservación de cabinas telefónicas, se casó, tuvo hijos... pero pasados los 40 sus riñones dijeron basta.

Entró en diálisis y en 1997 llegó su primer regalo. Tras la operación en el Chuac, «estuve trece años bien, de hecho seguí trabajando», explica José Antonio, que repite una y otra vez cuánto corren los días cuando se deja de depender de estar enganchado durante horas a una máquina tres veces por semana. Él lo sabe por partida doble. Cuando en el 2010 volvió a fallarle el recambio renal, tuvo que pasar tres años de nuevo en diálisis. «Es muy duro, no sabes cómo agradecer con palabras lo que supone que aparezca un donante, el cambio es tremendo», resume.

Sus gracias van, una y otra vez, para esos donantes que no conoció, para sus familias, y para sus propios seres queridos. «La familia es lo esencial, mi mujer, Pili, mis hijos... , sin ellos creo que la segunda vez ya no sé si lo dejaría pasar». Fue hace cinco años. «Me pilló en otra edad, estaba un poco abajo y sin su apoyo...», se explica un hombre que anima a todo el mundo a donar porque «es un bien para todos; mañana -apunta-, te puede hacer falta a ti». A él le ha dado años de vida «totalmente normal», con días de paseo, trabajos en la huerta que tanto le gusta, viajes «cada vez que tengo oportunidad» y la fortuna de ver crecer a su nieto, el pequeño Marco.

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