Aquellos junios sí eran calurosos


Estoy como todos con la frase del humorista Luis Davila rondando en la cabeza: «Ata o corenta de maio... Non me toques o carallo!» Pero me sirve también ese otro chiste en que se ve a un vampiro cegado por el sol y a su lado una pareja de turistas en el paseo marítimo sorprendidos: «¡Mira, Maricarmen, un vampiro!», «¡No, no! ¡Es un coruñés!». Nos falta el sol, nos falta vitamina D, y esto no tiene visos de ningún cambio, por eso se me ha dado por pensar en aquellos junios calurosos que compensaban los duros finales de curso. Estábamos cargaditos de exámenes, sudábamos en la biblioteca, pero el sol nos iluminaba el esprint final del esfuerzo. Las tardes largas de junio olían a cansancio, pero tenían esa luz de un horizonte abierto a la vacaciones, y es difícil echar la vista atrás sin que el recuerdo abrase. ¿Eran los junios de antes más soleados que los de ahora? Porque yo ya no sé si es que nos hemos comido la magdalena de Proust y aquel tiempo perdido tenía otro brillo. Otro color que nos calentaba mucho, mucho más cuando llegaba estaba época.

Sin un mes de junio bueno, los coruñeses nos sentimos huérfanos de verano, porque se nos van las horas más largas de día, el único tiempo en que el sol, si sale, da de pleno, prologándonos la sensación de alegría. La alegría de junio ha sido tan variable en los últimos años que he tenido que preguntarle a mi compañero Xavi Fonseca, experto en estas cuestiones meteorológicas, para que me confirme si mis junios de niña eran más soleados. Y no ha podido ser más clarificador saber, según el registro histórico, que fue en 1980 un día 3 de junio cuando se dio la temperatura máxima de estas últimas décadas, si nos centramos en este mes. Aquel día 3 llegamos a los 34,8 grados, muy distanciados de la temperatura que nos atenaza estos días. Pero por si sirve de algo, también se puede apuntar que la media habitual a la que estamos hechos los coruñeses en este mes de San Xoán son los 18 grados (nada abrasador), aunque desde los ochenta quedó registrado el 2005 como el año en que junio nos acaloró con la media más alta: 22 graditos.

Si quieren tomar nota, el año pasado solo llovió en junio 4 días, igual que en el 2010 y en el 2011, pero en el 2015 únicamente uno, ¡uno! a lo largo de todo el mes. Claro que en el 2012 cayó agua 12 días y en el 2013 y el 2014 unos diez. Es para que se hagan una idea de que cómo llevamos el registro coruñés, cómo podemos enfrentar esta humedad constante que no puede durar mucho más. El tope son los 12 días de agua, ya lo ven. No más. Así que crucemos los dedos y concentrémonos en aquellos junios calurosos de la niñez. Por nosotros y todos esos niños de Coruña que tienen la ilusión del mejor verano por delante.

Autor Sandra Faginas CORUÑESAS

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