Realojados de A Pasaxe regresan al poblado al no adaptarse a los pisos

El plan municipal sacó a 13 familias del asentamiento, donde aún quedan 35


a coruña / la voz

Hay personas en el asentamiento chabolista de A Pasaxe que prefieren vivir ahí, entre el barro y la basura, que en un piso con todas sus comodidades. Dicen, como Manuel, que nacieron en el poblado y en él quieren seguir porque «aquí tenemos donde guardar y trabajar la chatarra, y los que se dedican al furtivismo faenan al lado de casa».

Los hay que ya fueron realojados en viviendas y que todas las mañanas regresan a la conservera para pasar el día. Son de hacer vida en la calle, compartiendo la jornada con sus vecinos y familiares de siempre y con espacio de sobra para tratar la chatarra que recogen. «En un piso es imposible», dice Antonio. «No nos adaptamos a la nueva vida. Crecimos con unas costumbres y no podemos cambiar de un día para otro», añade Juan, que fue realojado hace meses, pero se pasa la jornada en la conservera.

Todo esto era bien sabido por los miembros del equipo municipal de Acceso al Hábitat Digno. Cuando se aprobó el proyecto en verano del 2016 tenían claro que no iba a ser nada fácil desalojar por completo el asentamiento. De hecho contemplaban la posibilidad de que los realojados regresaran al poblado al cabo de un tiempo, como ya ocurrió en el 2014 cuando el gobierno de Carlos Negreira se encontró con la vuelta de las familias a las que habían encontrado acomodo en diferentes barrios de la ciudad.

Esta vez, para evitarlo, el Ayuntamiento practicó la política del derrumbe. En cuanto realojaban a una familia, echaban su chabola abajo.

Por si fueran pocos los problemas con los que regresan al poblado por falta de adaptación al piso -alguno se hizo un hueco en el chamizo de un familiar-, están también los residentes que no reúnen las condiciones para formar parte del plan de realojo, que exige una serie de condiciones, como tener unos ingresos fijos, una paga de ayuda social o llevar varios años empadronado en el poblado. De las 35 familias que todavía residen en la conservera, a diez ya se les adelantó que nunca podrían optar a las ayudas y se les pidió que abandonasen el asentamiento. Ninguna, por el momento, lo hizo. Javier es uno de ellos. Se mudó a A Pasaxe junto a su esposa embarazada hace dos años. Nació ahí y ahí quiso volver para formar una familia. Viven en una caravana. «No tenemos a dónde ir. Nos vamos a quedar hasta que nos echen», anuncia.

El plan de Hábitat Digno incluye, aparte de ayudas al alquiler, un trabajo social y de formación con los realojados para facilitar su integración social y educativa. Hasta ahora, el Ayuntamiento aportó soluciones habitacionales para un total de 13 unidades de convivencia en el asentamiento (quedan 35), entre las que se encontraban 22 menores.

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