Bienvenido Mr. Marshall


Muchos tenemos en el recuerdo una historia contada en blanco y negro que comenzaba con una cola inmensa de gente que se dirigía a los notables del pueblo ¿Qué necesitas? Uno dice dubitativo que un clarinete. Otro comenta que unas vacas lecheras. Después piden una mula. La siguiente lugareña, una colcha bordada. Ante tanta demanda un señor de boina grita a la multitud que solo se puede pedir una cosa a los americanos… Y que cada uno pida lo que quiera.

La carrera recolonizadora del puerto ha comenzado. Todos los implicados parecen tener claro el enfoque sobre el plano. Las perspectivas son variadas. Se habla de grandes cantidades de dinero. Sin embargo, el proyecto se percibe difuminado por el ciudadano y le asaltan dudas sobre la sustancia nutritiva de este mondongo. Las expectativas son un elemento esencial en nuestras vidas. Y nuestros recuerdos, también. Ambos se entrelazan cuando se suscita el tema de la nueva fachada marítima. Quizá el dinero sea lo que menos importe en este tipo de proyectos. Con que nos devolviesen el olor a mar nos llegaría.

Por Pablo Abeal Profesor de la UDC

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