Un apeadero con mucha clase

Hace un año que Antía Yáñez y Pablo Giménez abrieron una academia en la pequeña estación de Cecebre, que restauraron y habilitaron para convertirlo en «Átomos»

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No hace mucho que Antía y Pablo viven en Cecebre, pero desde el principio se han adaptado perfectamente al entorno y, sobre todo, a sus vecinos. Tanto es así que gracias a ellos tomaron la decisión de montar una academia en el pueblo. Todo empezó cuando los hijos de Alfredo, dueño de uno de los más famosos y míticos restaurantes de la comarca, Casa Alfredo, iban a pedirles ayuda con los deberes. A partir de ahí fueron sus vecinos quienes los animaron a montar una academia de apoyo. Y no pudieron encontrar un lugar mejor que el apeadero de Cecebre.

Y para los vecinos resultó ser una gran idea con una gran aceptación. En solo un año, Átomos ya tiene 38 alumnos de todas las edades. Esto se debe a que esta no es una academia corriente. Aquí, además de las clases de apoyo desde la ESO hasta los que ya están en la universidad, imparten cocina, informática, programación web, inglés, robótica y escritura creativa.

Tienen, además, tres impresoras 3D donde los alumnos imprimen las piezas que ellos mismos diseñan para montar sus propios robots. Pablo tiene varios proyectos en mente para sacar el máximo rendimiento a esta asignatura que tienen tanta aceptación. Está trabajando con sus alumnos en un barco por radiocontrol con la intención de probarlo en el embalse de Cecebre una vez terminado.

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A Antía, además de dar clase, le encanta escribir, de hecho, ha ganado varios premios literarios y ya tiene su propia novela, O misterio de Portomarín, editado por Galaxia. Es la encargada de impartir, aparte de otras asignaturas, la de escritura creativa.

Las clases de cocina las da Daniel Martínez, que es el cocinero del restaurante Anduriña, situado justo al lado del apeadero. «Aprenderás a comer bien sin esfuerzo» es el lema de sus clases.

Pero, sin duda, una de los cursos más curiosos y novedosos es el de cerveza artesana. En Átomos cualquiera puede aprender a hacer su cerveza con sus propias recetas.

Los recuerdos de David

Mucho antes de que este lugar se llenara de ciencia y de niños, esta estación era la casa de Evangelina. Su marido era capataz de vías con derecho a vivienda; y Sonia, uno de sus 9 hijos, había montado una peluquería donde estaba la oficina del jefe de estación.

Pero hace unos años que todo esto cambió. El tren apenas para en Cecebre y la peluquería se cerró. El 20 de diciembre del año pasado murió Evangelina despúes de 45 años dedicada a cuidar el apeadero.

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