Está cayendo «farlopa» del cielo


Ha sido caer unos copos en esta ciudad y ya nos hemos venido arriba. Que si en Sabón se cubrió la playa de un manto, que si en A Zapateira los coches tenían una capa blanca, que sí que era nieve de verdad, que si cuajó en no sé dónde... Así que cuando miré ayer por la ventana aún muy temprano y vi cómo empezaba a caer el agua congelada me acordé de aquel paisano que en un arranque de emoción se trabucó con «as folerpas» del gallego y soltó en alto: «Mirad, está cayendo farlopa del cielo». No está nada mal en estos momentos fariñentos, que recuerdan a otras épocas, evocar la nostalgia de aquella nevada del 87 que para mi generación fue, además de la primera -y visto lo visto-, la única. Nosotros no vivimos la del año 63, que hizo de los jardines de Méndez Núñez un gran parque de aventuras, ni por supuesto las anteriores de los años cincuenta y los treinta, dos décadas en las que nevar, lo que se dice nevar, nevó. Pero la del 87 fue genial, sobre todo porque veníamos de una buena guerra fría en el instituto. A mí me cogió ahí, en aquel enero del Cojo Manteca, en que por fin habíamos retomado las clases después de meses (no es una exageración) de folga estudiantil. Entonces las chicas del Femenino, donde la mayoría eran alumnas (aunque ya habían empezado los cursos mixtos) nos sumamos como tantos jóvenes a las grandes manifestaciones de ese año, en que se pedía la reducción de tasas, el fin de la selectividad, más becas y más oportunidades. Eran los tiempos en que le cantábamos a Felipe González lo que parecía una paradoja: «El hijo del obrero ¡a la universidaaad!».

El caso es que aquel enero del 87 nevó bien, y en ese ambiente de movidas continuas nada nos impedía un día libre más, si era por un motivo tan excepcional. Salimos todos con los plumíferos de moda, con las katiuskas de colores, y aquellos pelos de punta, a la plaza de Pontevedra, que todavía mantenía el Manhattan en el otro extremo. Era otra Coruña, pero parece que seguimos siendo los mismos, al menos en esa capacidad de asombro por lo que aquí no es tan natural: la nieve cayendo al lado del mar.

En 1987 nadie podía predecir que habría que esperar más de 30 años para ver «as folerpas» revoloteando, ni siquiera sabíamos que hoy escribiríamos en iPad ni que viviríamos pegados a un smartphone ni toda esa revolución posterior. En Coruña, eso sí, seguíamos pendientes del Liceo de Huelves y Martinazzo y del Dépor de Vicente y Donowa, pero aún tendríamos que esperar unos meses a que Rodríguez Vaz subiera a Fran al equipo. El óscar de ese año fue para Platoon, de Oliver Stone, y aunque Paul Newman se llevó la estatuilla Por el color del dinero, todas estábamos locas por Tom Cruise en Top Gun... Aquel enero de 1987 en que nevó y fuimos a la manifestación sonaba de fondoTake My Breath Away.

Por sandra faginas Coruñesas

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