«Al final los opositores no tenemos un solo sitio para estudiar con calma»

Fuera de época de exámenes hay más aspirantes que alumnos en el aula de la UDC


a CORUÑA / LA VOZ

Los opositores no tienen quien los asista en su solitaria tarea. No son trabajadores y tampoco universitarios. No tienen carné de estudiante ni descuento en el bonobús, tampoco temporadas de relajo después de los exámenes. Estudian a diario, cinco, diez, doce horas, preferiblemente en bibliotecas y lugares semejantes que van seleccionando en función de las ventajas que ofrecen a la concentración y a sus prolongadas jornadas de ensimismamiento. El aula de estudio Xoana Capdevielle, en el campus de Elviña, es uno de ellos. Con la época de exámenes del primer cuatrimestre recién terminada, en el edificio de la Xoana, o la Capde, como se conoce -en Santiago es la Conchi (de Concepción Arenal)-, quedan los de siempre, los opositores. Ellos son los que mejor conocen el funcionamiento de esta enorme aula de 678 plazas, originalmente un almacén en la planta baja del edificio que alberga la biblioteca de la UDC, entre otros servicios, reducida cuando no hay exámenes a la mitad de su capacidad. Y si conocen el funcionamiento, conocen los puntos flacos.

El sol, la lluvia y el edificio. Julián Otero, exalumno de INEF y opositor de Educación Secundaria, habla del «horno» en que se transforma la Xoana, techada con una cubierta de planchas de metal, entre mayo y octubre. «El calor es un horror. Yo el año pasado en mayo dejé de venir, era una sauna», explica a punto de entrar en la sala junto a su compañera, Sandra Riopedre, que prepara oposiciones de Educación Infantil y pone el broche al asunto: «Es un horno y entonces abren las ventanas y encienden unos ventiladores que hacen tal estruendo que es imposible estudiar». De nuevo, la concentración. A Antía L., una estudiante de Medicina ocupada en el mir (una plaza para toda Galicia de cirugía pediátrica, su misión), le molesta el sol, porque «hay momentos que te da de frente y llega a cegarte», pero sobre todo el cambio de rutinas que para el corredor de fondo que es el opositor se convertirá en el mayor enemigo de su imperturbable estado ideal. «Somos maniáticos, es verdad, pero es que si pierdes la concentración cuesta recuperarla», explica la mujer, fastidiada porque «su» sitio, fuera de exámenes, queda dentro de la zona cerrada.

Algo parecido le ocurre a Miguel García, graduado en Derecho y opositor a Instituciones Penitenciarias, que presentó una queja en el Vicerrectorado de Estudantes y propone reorganizar el espacio para optimizar las zonas «más favorables a la concentración, en las que el sol no cae a plomo, ni parece que se va a acabar el mundo cuando caen los chaparrones sobre la chapa, y estamos también más aislados de la zona con más movimiento».

Horario de fin de semana

Otros reclaman una zona para sentarse a comer y un microondas. «En la Conchi, en Santiago, hay espacio», dice Rosana Rey, opositora de Trabajo Social. Nerea Cotelo, de Educación Infantil, coincide en la demanda de una sala para sacar el táper. Es una de las peticiones recurrentes de la Xoana: que abra el fin de semana y que arreglen las taquillas, cerradas desde hace años -la UDC anunció ayer que el 6 de marzo estarán funcionando-. «Aunque al final, lo peor es que te dicen que no tienes derecho a pedir, porque no eres universitario, y los opositores nos quedamos sin un solo sitio para estudiar con tranquilidad en la ciudad», afirma Miguel García.

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