Hasta cinco usuarios nuevos al día entran en un colapsado Padre Rubinos

Emigrantes procedentes del norte de Marruecos y parados hacen crecer la demanda


A coruña / La Voz

«Estamos colapsados por todos lados», decía el pasado lunes Eduardo Aceña, presidente de la institución Padre Rubinos. Entre los servicios afectados por ese lleno está el albergue de transeúntes: «La media de las admisiones está siendo de cuatro o cinco nuevas cada día», explica Jorge Sampedro, director del mismo. Entre los demandantes hay un elevado número de emigrantes procedentes del norte de Marruecos, «se ha producido un aumento muy grande», explican desde el centro, no sin cierta sorpresa por esta llegada.

En el perfil de los usuarios también entra el colectivo que llega «como consecuencia de la precariedad laboral», ya que se trata de personas que llevan bastante tiempo sin trabajo o que, por su edad y sus circunstancias, tienen difícil la inserción laboral. De todos modos, en ocasiones la institución puede solventar casos puntuales, como ha sido el del hombre que hace unos días empezó a trabajar gracias a Padre Rubinos después de que la Administración, por 4 euros, le negara una ayuda. Eduardo Aceña explicó que la presencia de niños pequeños afectados por la situación había sido clave a la hora de resolver la situación.

«Hay personas que solo tienen la risga (renta de inclusión social de Galicia) y vienen a comer aquí», explican desde la institución, que ha visto cómo durante el 2017 el número de comidas servidas aumentó en unas 20.000 con respecto al año anterior, superando las 125.000.

En estos primeros días de enero, la tendencia se ha mantenido y, según apuntaba Aceña, están sirviendo cada día entre 120 y 140 almuerzos, y de 140 a 160 cenas. Además, prácticamente todas las plazas disponibles para pernoctar en estas dependencias están ocupadas como consecuencia del aumento de la demanda.

Otro aspecto que destaca el director del albergue es que se está ampliando el período de estancia de los usuarios y ahora la media es ya de unos 30 días. De todos modos, es tiempo durante el cual los usuarios no están inactivos, ya que los técnicos de la institución trabajan con ellos con el fin de conocer su situación, elaborar su perfil e iniciar con ellos un proceso que les permita llegar más adelante a la inclusión social. Este trabajo permite conocer con detalle la situación de los usuarios para poder ayudarles mediante un plan de formación y seguimiento.

En una de las últimas memorias de la institución se recoge cómo entre las personas que utilizan el albergue hay tres grandes perfiles: quienes carecen de residencia y tienen asociadas otras dificultades como adicciones o problemas de salud mental; personas que carecen de un lugar donde vivir, y usuarios que van al albergue porque carecen de medios económicos.

«La calle te enseña mucho: a convivir, a compartir...»

Desde el 29 de diciembre, Natividad Gallego está viviendo en el albergue de Padre Rubinos. Por ahora no sabe ni por cuánto tiempo ni a dónde irá cuando deje el centro.

 -¿Por qué se vino aquí?

-Fue separarme de mi pareja y venirme para aquí. Lo veo todos los días, no hay problema ninguno. Él hace su vida, tiene su casa, y yo estoy más tranquila... Es otro mundo. No quiero volver a su lado porque le gusta beber y eso es un problema. Cuando no lo hace es una persona maravillosa. Yo ya iba al antiguo albergue y allí conocí a mi pareja. ¡Mire si llevamos años juntos! Ya estuve durmiendo en el refugio viejo y allí conocí a las hermanas.

-¿A las monjas que se han ido?

-Sí. La verdad es que yo, y como yo mucha gente, las echo de menos. Ahora hay mucha más gente que antes... Hay situaciones muy críticas. Por suerte tenemos este sitio y al menos tienes dónde cobijarte, porque en verano duermes en cualquier lado, pero en invierno...

-¿Durmió en la calle?

-Bastante tiempo, y muy cerca del antiguo refugio, en unas viviendas que ahora están tapiadas.

-Eso es duro....

-La calle no es dura. La calle te enseña mucho: a convivir, a compartir, conoces gente. Estando en la calle no pasé hambre porque la gente te da.

-¿Qué es lo peor de la calle?

-Levantarte por la mañana y pensar qué hago hoy; dónde duermo, dónde me meto. Porque ya me recogió algún amigo o una amiga, pero no vas a estar siempre abusando de la gente. A mí la calle me hizo más dura, aunque soy demasiado blanda. Soy fumadora y si tengo tabaco pues lo comparto, soy incapaz de decir que no.

-¿Qué hace en Padre Rubinos?

-Aquí hago las actividades. Me gusta sobre todo la de cuero. También estoy en una revista que hacemos. Voy a los juegos, menos al fútbol de espectadora, ahí sí que no voy. Y luego salgo por ahí a andar, a buscarme la vida. Estar encerrada me agobia.

-¿Tuvo algún trabajó?

-Estuve hace tiempo en hostelería. Ahora no, porque ya tengo 65 años. ¡Qué más quisiera que estar trabajando! Estuve en un local de Mugardos, que sigue abierto, primero de ayudante de cocina y terminé de cocinera. Es duro, pero me gustaba mucho y se me daba bien.

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