Antolín Pardo: «Más de la mitad de mi promoción terminó trabajando fuera»

Pertenece a esa nueva generación de ingenieros que ha tenido que emigrar

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CAFETERIA PLAYA CLUB ANTOLIN PARDO

A Coruña / La Voz

Antolín Pardo es uno de los rostros de la nueva diáspora. O de la fuga de cerebros, si se prefiere. Este ingeniero de caminos coruñés que acaba de cumplir los 30, decidió emprender hace cuatro años un viaje que, por ahora, no parece tener retorno, a pesar de que la idea de volver siempre está presente.

-¿Cuándo se fue a Dubái?

-Fue al acabar la carrera, en marzo del 2014. Me fui con lo puesto, incluso pidiendo dinero para aguantar los primeros dos meses, y con el visado de turista de 30 días, que después renové.

-¿Qué le empujó a buscar trabajo allí?

- Ya había estado buscando trabajo desde aquí, sin éxito. Lo fundamental fue ver cómo estaba el mercado laboral aquí. Tenía compañeros de la facultad de promociones anteriores que no encontraban trabajo o el que encontraban era en unas condiciones muy malas. Algo extraño, comparado con los años anteriores. Cuando empecé, Caminos era la carrera con mejor salida laboral, no teníamos paro, incluso te llamaban para hacer prácticas en las empresas antes de terminar los estudios. Pero la situación se dio la vuelta. De repente era complicado hasta buscarse unas prácticas. La paralización de la construcción nos pilló de pleno a mi promoción, a la anterior y a la siguiente.

-Supongo que no fue el único de su promoción que emigró.

-Calculo que más del 50 % terminó trabajando fuera. Incluso muchos que en un principio apostaron por quedarse han acabado yéndose.

-¿Por qué se decidió precisamente por Dubái?

-Allí estaba ya mi pareja, así que tenía un apoyo fundamental para moverme en los primeros días. Pero resultaba especialmente atractivo el tipo de proyectos en los que podías trabajar, con unas magnitudes, unos costes y unas dificultades que no son frecuentes por aquí. Por ejemplo, el primer proyecto en el que estuve trabajando fue una edificación residencial de 72 plantas, lo que es España sería, si no el más alto, sí uno de los edificios más altos del país. Así que era un reto profesional, dar con un trabajo que me proporcionaría una formación que no se encuentra en cualquier lado.

-¿Y pagan bien?

-Sí, puedes permitirte un buen nivel de vida. Ese salario en España sería fantástico, pero también es cierto que aquello es muy caro.

-¿Piensa volver algún día?

-La idea siempre es volver. Es algo que he hablado mucho con otros españoles allí, y todos coincidimos en que partimos con la idea de estar en Dubái uno o dos años. Pero cuando llevas allí ya ese tiempo y ves que la cosa en España no mejora vas ampliando el plazo. Por ahora las oportunidades que tengo allí y las condiciones que me ofertan son mucho mejores que las que puedo encontrar aquí. Ahora acabo de cambiar de empresa, tengo un nuevo trabajo, así que seguiré al menos otros dos años. Después, ya veremos. Igual es el momento de hacer una parada en Europa, no necesariamente España. Pero echar raíces allí para siempre, no lo veo.

-¿Sigue estando la situación laboral complicada en España?

-Se supone que la cosa está mejorando, pero sigue siendo mucho más complicado encontrar un trabajo aquí que en Dubái.

Experiencia fundamental. Antolín Pardo ve el haber tenido que emigrar como una experiencia positiva que no duda en aconsejar: «Trabajar o estudiar en otros países me parece fundamental. No solo por las oportunidades laborales, sino como experiencia personal. Por probar no pierdes nada, y lo que puedes ganar es muchísimo», apunta.

«Me adapté mejor de lo que pensaba a las temperaturas de más de 45 grados»

A pesar de las enormes diferencias culturales, Antolín Pardo asegura que Dubái es una ciudad acogedora.

-¿Le costó adaptarse?

-En absoluto. No me imaginaba que fuese una ciudad tan cosmopolita ni que mi integración fuese a ser tan fácil. Impacta nada más bajar del avión, en el control de pasaportes te reciben con la vestimenta local, las mujeres ataviadas así también... Tienes que adaptarte y respetar sus tradiciones, evitar las muestras de cariño en la calle o ir con un par de copas. Pero tampoco supone mucho esfuerzo. Es muy fácil vivir allí, lo hacen muy fácil porque les interesa.

-Pero algo echará de menos...

-Lo que más extraño es lo de tener todo a mano. Allí puedes tomarte una caña, a precio de oro, eso sí. Pero tienes que irte a un hotel que tenga la licencia para vender alcohol. Así que lo que más fastidia es tener que coger un taxi, realizar un trayecto de 15 minutos y pagar 12 euros por una pinta. Estos días estoy disfrutando muchísimo algo tan sencillo como quedar con unos amigos y estar en cinco minutos con ellos en un bar debajo de casa, sin depender del coche.

-¿Sigue al Dépor a distancia?

-¡Por supuesto! Veo los partidos por Internet o por la tele, sufriendo con los horarios, aunque creo que más los sufren los de aquí.

-¿Qué temperaturas alcanzan por allí?

-Los 50 grados no se marcan mucho, porque por ley tendría que dejarse de trabajar, pero en los meses de verano solemos andar entre los 45 y los 50. Pero me adapté mejor de lo que pensaba. Allí tienen todo preparado para esas temperaturas. Además, son solo tres meses, el resto del año es mucho más suave y puedes disfrutar nueve meses de playa.

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