El superdepredador del cielo urbano

Antonio Sandoval Rey

A CORUÑA

antonio sandoval

Los lances de caza del halcón peregrino se repiten cada día sobre los tejados de la ciudad

25 nov 2017 . Actualizado a las 15:16 h.

Una de las experiencias sonoras más impactantes de mi vida como naturalista urbano tuvo lugar en el muelle de trasatlánticos, cuando todavía se podía pasear por allí. Estaba yo enfrascado en el estudio del plumaje de alguna gaviota, cuando una nube oscura y veloz se me echó encima con un rumor apresurado y denso. Según bajé los prismáticos, me vi en mitad de una catarata de estorninos que se precipitaba desde el cielo para volar muy cerca del suelo en dirección a los yates del Real Club Náutico. Entonces escuché algo más. Era un zumbido concreto, creciente y desbocado que caía directo hacia mi nuca.

Mi cerebro reptiliano encogió al instante mi silueta para eludir lo que sonaba a choque inminente y devastador, al tiempo que mi intuición pajarera giraba mi cuello, curiosa por lo que se me venía encima. El halcón peregrino pasó a pocos centímetros de mi rostro asombrado. Durante unos nanosegundos que nunca olvidaré, mis oídos escucharon la vibración salvaje de cada una de sus plumas según rasgaban el aire. La catarata de estorninos trazó una vertiginosa curva ascendente. También el halcón, tras ellos, con un gesto rápido de las alas que parecía un regateo burlón a la ley de la gravedad.

En sus espectaculares picados, estas aves llegan a superar los 300 kilómetros por hora, lo que supone el récord absoluto de velocidad en corta distancia entre las aves. Desde un punto de vista histórico, se ha escrito mucho más acerca de la forma de cazar de esta rapaz que sobre las hazañas de Usain Bolt en los 100 o 200 metros lisos. Para varias tribus nativas de América del Norte, el halcón era el ave del trueno. En el Egipto antiguo, Horus, dios del cielo, la guerra y la caza, era representado con cabeza de halcón. Etcétera.