Calle Barcelona, un centro comercial urbano atemporal que languidece por zonas

La emblemática zona todavía sufre los coletazos de la crisis, pero ha persistido con su particular apuesta por tiendas tradicionales

Ambiente de la calle Barcelona por la mañana
Ambiente de la calle Barcelona por la mañana

A Coruña / La Voz

Antes del bum de los grandes centros comerciales, si un coruñés quería comprar alguna cosa -ya fuese ropa, calzado, aparatos electrónicos, telas o todo tipo de alimentos-, uno de los destinos principales era la calle Barcelona. La crisis hizo tocar fondo a las distintas zonas comerciales de la ciudad, pero parece que la situación se ha estabilizado.

A diferencia de la calle Real, donde las grandes franquicias y empresas predominan en el paisaje comercial, en la calle Barcelona la apuesta principal siguen siendo las tiendas tradicionales. «En la mayoría de locales te atiende el dueño, muy pocos tienen empleados», afirma José Manuel Castro, presidente de la asociación Centro Comercial Urbano Agra Barcelona.

Tiendas tradicionales, que predominan sobre las grandes cadenas
Tiendas tradicionales, que predominan sobre las grandes cadenas

Si uno atraviesa la calle Barcelona del número 1 al 121, se encontrará dos caras muy diferentes de la moneda. Hasta Villa de Negreira, apenas hay 4 establecimientos cerrados de un total de 128. A partir de dicha calle, la situación cambia, con numerosos locales cerrados. «Siempre costó más espolear el comercio en esa zona», señala José Manuel Castro, que posee la tienda de moda Mustang, con 34 años de historia. «Antes tenía 4 empleados y ahora estoy yo solo», comenta.

Para José Manuel Castro la situación comercial de la zona está bien, pero lamenta que la precariedad laboral del país lastre al comercio local. Sin embargo, otros propietarios de la zona difieren de esta opinión. «Das un paseo por la zona y no ves ni un cliente», afirma José Luis Campos, que pronto cerrará por jubilación su negocio de telas. «Los gobiernos tienen parte de culpa, por poner tantas facilidades a las grandes superficies y no pensar en el pequeño comercio», señala este veterano de la calle Barcelona, que reclama medidas que den un impulso a la zona.

Para ello, la asociación de comerciantes organiza distintas iniciativas a lo largo del año, con el fin de animar a los compradores a acudir al pequeño comercio de barrio.

Terrazas llenas en la plaza de las Conchiñas
Terrazas llenas en la plaza de las Conchiñas

As Conchiñas, punto cero

«Como pasa en todas las partes, hay una locomotora que tira del resto y lo mantiene todo en funcionamiento», afirma José Manuel Castro. Ese motor es el mercado de As Conchiñas, con una gran afluencia de gente durante la mañana. La plaza aposta clientes también a los comercios próximos, además de nutrir las terrazas de los distintos locales de hostelería de la zona.

La moda y el tiempo

Uno de los hechos más llamativos que se pueden ver en la calle Barcelona durante estos días es el gran número de comercios de moda y textil con carteles de descuentos y rebajas en sus escaparates. «El tiempo nos tiene un poco descolocados. Las que se están forrando son las farmacias, porque hay mucha gente con catarros y resfriados», señala el presidente de los comerciantes.

«No nos queda más remedio que bajar los precios para dar salida al género», dice otra comerciante de la zona. «Ahora hay gente que aprovecha para comprar abrigos y bufandas para el invierno», continúa. Sin duda, los 25 grados de máxima que llegó a marcar el termómetro el martes en la ciudad han sentado como un jarro de agua fría al comercio textil, ya inmerso en plena campaña otoñal.

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