De peatones y ciclistas


«Estás obstruyendo el paso», reprochó un desabrido ciclista a una coruñesa llamada Berta, mientras la apartaba hacia un lado de un empujón en la espalda. Este episodio se produjo recientemente en la acera de la calle Juan Flórez, a la altura de Cortefiel. Berta y una amiga se pararon a conversar con otra persona a la que encontraron durante el paseo, de manera que formaron el clásico corrillo. El ciclista, que circulaba en dirección a la plaza de Pontevedra, consideró que las tres mujeres le estorbaban, por lo que decidió imponer la ley del más fuerte.

Olvida el ciclista de Juan Flórez, como olvidan otros ciclistas en esta ciudad, que la bicicleta es un vehículo y que, como tal, no puede circular por la acera, salvo que exista una senda específica, que no es el caso de Juan Flórez. Así lo recoge el Reglamento General de Circulación, que precisa que, por conducir un vehículo, el ciclista está obligado a indicar sus maniobras, respetar señales y semáforos y atenerse a los límites de velocidad. Y si desea transitar con su bicicleta por la acera, deberá apearse del vehículo y convertirse en peatón.

Los gravísimos accidentes que los ciclistas sufren en las carreteras, casi siempre por negligencias al volante, han llevado a articular medidas protectoras para que los conductores de los otros vehículos extremen el cuidado y los respeten, pues son la parte débil del tráfico rodado. Nada más lógico. Pero también por eso es imprescindible proteger al peatón (más débil aún que el ciclista) del creciente número de bicicletas que pueblan las aceras, como en Coruña. Otro ejemplo: es habitual observar el tránsito de las bicis por las márgenes peatonales de A Pasaxe, un puente -es cierto- en el que hay que echarle mucho valor para meterse por la calzada, entre los coches. Pero circular por la acera también es peligroso, porque es estrecha, porque el ruido del tráfico impide escuchar la llegada del ciclista por atrás y porque, en caso de atropello, a un lado pasan los coches y al otro, la ría.

De nuevo en el centro, cada vez es más frecuente ver cómo los ciclistas se saltan los semáforos de la plaza de Ourense o cruzan pasos para peatones montados en sus vehículos. ¿Significa esto que todos son insolidarios e incumplen la normativa? En absoluto, pero cada vez son más. ¿Significa esto que solo los ciclistas quebrantan el reglamento? Pues tampoco. Basta con observar las tropelías al volante que se perpetran a diario en nuestras calles, o con comprobar el sorprendente y arriesgado uso pedestre que algunos viandantes dan al carril bici del paseo marítimo, que, ese sí, está reservado a los ciclistas. Todo eso es un hecho, pero también que urge tomar cartas en el asunto y proteger a los peatones de las bicicletas.

Por Alfonso Andrade coruñesas

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