La nave de La Toja desaparecerá en pocos días, pero no hay plazos para el resto del poblado

El Ayuntamiento no se fija fechas para el realojo en barrios de los chabolistas de A Pasaxe


A Coruña / La VOz

Fue máxima la expectación en las inmediaciones del poblado chabolista de A Pasaxe durante la mañana de ayer. Tres años y dos meses después de que las autoridades judiciales lo ordenasen, comenzaron los trabajos para el derribo de la antigua nave de La Toja. Arrancaron con numerosos agentes de la Policía Local en el asentamiento y sus accesos, pese a que el proceso se llevó a cabo sin incidencias con los residentes de la zona.Cuando pasaban 15 minutos de las diez de la mañana, una excavadora y una retroexcavadora entraban -no sin dificultades- en el asentamiento, atravesando los estrechos caminos de tierra que llevan hasta la nave de La Toja. Una vez dentro de la estructura, de la que solo quedan columnas y vigas, se comenzaron a amontonar todos los restos que se han ido acumulando durante años en el lugar. Todavía no se tocó ninguno de los muros, pero según el Ayuntamiento -previa consulta con la empresa responsable de las obras- el derribo debe concluir en «catro ou cinco días». Para lo que no ha plazos es para el desmantelamiento total del poblado, un objetivo que se fija a largo plazo.Una vez eliminado del mapa un edificio que fue declarado ruinoso hace 17 años, se procederá a la retirada de los residuos, lo que supondrá otras dos semanas de actuación. El Ayuntamiento, a través de su concejal de Rexeneración Urbana, Xiao Varela, ha fijado todo el proceso en «menos de un mes». La finca, una vez concluidas las obras, quedará totalmente «limpa e pechada» y será «responsabilidade do propietario». «Trataremos de que non volva a xente á parcela», explicaba ayer Varela a las puertas del asentamiento. Sin embargo, no es la primera vez que los terrenos de A Pasaxe se vacían y terminan por volverse a ocupar.Tras violentos enfrentamientos con la policía en varios registros llevados a cabo por furtivismo, se produjeron hasta dos desalojos, que terminarían fracasando. A las pocas semanas de reubicar a las familias, la gran mayoría regresó, incluso con más gente de la que se fue. En la actualidad son 35 familias las que permanecen en A Pasaxe, un total de 132 personas, entre las que hay medio centenar de menores. De la zona que se ha visto afectada por el derribo de la nave, el Ayuntamiento ha realojado en viviendas de Eirís y Os Castros a dos familias. Otros afectados continúan en el poblado, en casas de amigos y familiares.

Mejor sin la nave

A lo largo del día de ayer entraron y salieron residentes de la zona, bajo la lupa de los agentes de la Policía Local. «Es mejor que saquen la nave, por los chavales sobre todo», afirmaba Gonzalo Romero, que vive en el extremo contrario a la estructura a derribar. «Solo deseamos vivir como el resto del mundo. Las condiciones aquí son malas, pero ahora hay agentes en todas las esquinas y está todo muy controlado», continuaba contando, asegurando que «los pisos no valdrán para todos, pues muchos trabajan en ferias y tienen que venir a por los remolques». Antonio dos Santos, que perdió la chabola en el incendio del 25 de abril, también se alegraba de que tiren la nave: «Tenía que haberse tirado hace años. Yo ahora estoy viviendo con un hermano mío, si no estaría en la calle». Pedro es otro de los afectados por el derribo, y tuvo que «dejar todo tirado». Afirma que eso «es un peligro» y espera tener pronto «un piso para vivir».

Despliegue policial para impedir el acceso al asentamiento

«Tivemos unha xuntanza coa empresa e puidemos comprobar que a parcela estaba libre e non había ningún problema», explicaba Xiao Varela pasadas las diez de la mañana, mientras una docena de agentes de la Policía Local custodiaban el asentamiento de A Pasaxe. Varela se congratuló del trabajo que está realizando el Ayuntamiento «para que o drama dos asentamentos na cidade acabe», a la vez que criticó la gestión del anterior gobierno municipal en A Pasaxe.

Sobre las familias que han tenido que ser realojadas, tanto en pisos como en otras chabolas del asentamiento, el concejal dice que se ha dado «unha resposta habitacional acorde ás circunstancias destas persoas». «As cousas fixéronse ben, non como en xullo do 2013, cando se tratou de abordar o problema a través da presenza policial. Conseguimos que a cousa fose tranquila», señalaba Xiao Varela.

«A prensa non entra»

Antes de irse, el concejal se mostraba rotundo con uno de los agentes de la Policía Local: «A prensa non entra». Varela, que llegó al lugar a primera hora junto a los técnicos municipales y responsables de prensa del Ayuntamiento, sí accedió a la zona acordonada. Lo hicieron todos sin casco. Los residentes no fueron desalojados a causa de los trabajos. Mientras, en los dos puntos de acceso al poblado, los agentes impedían el paso a personas ajenas al enclave -sí lo hicieron varios residentes-, pese a que todavía no habían comenzado los trabajos. Solo pudo acceder el gabinete de prensa municipal, que tomó fotografías del estado de las cinco viviendas desalojadas.

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