El poblado de la ría que se enfrenta a su tercer desalojo

El núcleo de A Pasaxe, con 30 familias, será el próximo en desaparecer tras un cuarto de siglo de vida


a coruña / la voz

Tarde o temprano, las excavadoras terminarán pasando por el poblado de A Pasaxe como la navaja de un barbero. El día que eso ocurra, el centenar de personas que malviven a día de hoy en este lugar estarán repartidas en viviendas por toda la ciudad. No será un proceso fácil. Como no lo fue nunca con los asentamientos que desaparecieron en la urbe. Por tanto, el éxito del plan municipal de erradicación del chabolismo no será coser y cantar. Aparte de ayudas económicas para la construcción o alquiler de viviendas, el Ayuntamiento deberá acompañar el humanitario gesto con colegios para los niños, trabajo para los padres y, sobre todo, mucha integración social.

El asentamiento de A Pasaxe comenzó a formarse en los ochenta, en su mayoría por familias de etnia gitana y de origen portugués. Las atracciones de feria, la chatarra y el furtivismo siempre fueron su fuente de ingresos. Nadie recuerda que haya habido en la vieja conservera un solo arresto por tráfico de droga. Jamás. Ni por robos. Lo que sí hubo, y en muchas ocasiones con extrema violencia, fueron enfrentamientos con la policía en los variados registros practicados por el furtivismo.

El poblado se intentó desalojar en dos ocasiones y ambas fracasaron. A las pocas semanas de reubicar a las familias y pagarles hasta 12.000 euros de ayuda, la gran mayoría regresó al asentamiento. Algunos, incluso, con más gente de la que se fueron.

Estado de ruina

Hace unas semanas se cumplieron 17 años de la declaración del estado de ruina de la antigua nave de La Toja. La estructura tenía entonces -y mantiene ahora, seguramente con más motivo por el paso del tiempo- un riesgo de desplome, que suponía y supone un peligro para los chabolistas que viven pegados a sus viejos muros.

En el 2014, el TSXG dejaba claro que esa situación no podía mantenerse: «Hay constancia de que existe riesgo de desplome, con peligro para todos, y la necesidad de demoler se aprecia a la vista de las fotografías», decía en un fallo que obligaba precisamente a eso, a tirarla.

Los jueces no se metían con la propiedad, con fallos anteriores que declaraban que los habitantes habían ganado ese derecho tras más de un cuarto de siglo allí. Algunos llevan más tiempo. Lo que decía es que había que desalojar temporalmente para acometer esos trabajos.

En un primer momento, los jueces especificaron que ese desalojo le correspondía hacerlo a los propietarios de la nave, la inmobiliaria Altramud. Sin embargo, un fallo posterior, del 2015, aclaraba que era el consistorio el que tenía que hacerse cargo de ese desalojo temporal. La empresa ya apuntó que en cuanto se produzca, hará las obras.

Pero el anterior gobierno local no ejecutó el fallo y es ahora, tras el incendio de esta semana, que calcinó tres chabolas, cuando se lleva a cabo. El próximo 4 de mayo se procederá a la demolición de la nave y ese día, las cinco familias que viven pegadas a él deberán estar ya alojadas. Dos de ellas ya tienen pisos asignados en Eirís y los Castros.

Esos chabolistas llevan años siendo advertidos de que la nave se les podía caer encima, pero siempre se negaron a irse si no era con una vivienda a cambio.

El fallo judicial del 2014 no es el único que alertaba del peligro. Ya en el 2012, en otras instancias, los jueces habían advertido de un «riesgo evidente de desplome».

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