Moussa, el joven muerto en el Orzán de A Coruña, «un bromista con ganas de aprender»

Sus amigos y compañeros indicaron que siempre «preguntaba para ponerse al día»


A Coruña / La Voz

El cuerpo de Moussa Cissé, el joven de 17 años que murió ahogado el pasado lunes en la playa del Orzán, se encuentra en el tanatorio Apóstol después de que una jueza ordenase su traslado desde el Chuac a las instalaciones de la funeraria para dejar libre las neveras de los túmulos del hospital.

Allí estará hasta que sus padres, Moth y Aisatu, logren arreglar la documentación para la repatriación del cuerpo. Pero sobre todo puedan recaudar el dinero suficiente para trasladarlo y enterrarlo en Senegal.

Mientras, sus compañeros y amigos hablan de Moussa. «Era un compañero, uno más entre nosotros. Era nuestro amigo» cuenta Rubén Varela. Fue este compañero del instituto Agra del Orzán el que a través de las redes sociales logró convocar a un centenar de amigos de Moussa para honrarle con flores y velas en la coraza del Orzán.

«Estaba integrado. Le queríamos. Tenía problemas con el idioma, pero siempre preguntaba. Quería ponerse al día», comentó un compañero del instituto cuyas palabras surgieron al mismo tiempo que las lágrimas.

«Era el alumno socarrón. A todo le sacaba punta... Era especial, quería aprender sin renunciar a las bromas», contó Rubén. «Quería triunfar. La odisea de su padre para llegar a España y ser felices le hacía más grande», contó otro alumno del Agra del Orzán.

«Venía a mi bar [el Mamá África], en Pascual Veiga. A escasos metros de su casa. «Venía a ver los partidos. Pedía un djindére [zumo de jengibre], o un bouy, un zumo de fruta de baobab. Jamás bebía alcohol», rememoró el hostelero.

 Sus amigos recuerdan su afán por andar en bicicleta, la que continúa encadenada en el portal de su casa desde el pasado lunes. «Era un auténtico atleta, nos superaba en todo momento, pero jamás nos echaba en cara su superioridad». Ahora «pedimos que todos ayuden», dicen.

Soñaba con ser futbolista y era feliz con su bici, recién adquirida por sus padres

Mousa Cissé quería ser futbolista. Para ello acudía los días del entreno con su Deportivo Cristal con su bicicleta, recién adquirida por sus padres. «Amaba su bicicleta», cuenta su Mouth, su padre. Siempre intentó tenerla a buen recaudo: «Llegaba a casa y le colocaba el candado abrazando el pasamanos de la casa para que nadie se la llevase», recuerda su progenitor.

El día de la tragedia, de su fallecimiento, el joven no llevó su bicicleta al Orzán. «Está atada al pasamanos como el último día que la utilizó», cuenta su padre. Ese lunes fatal salió de su casa a las cuatro de la tarde. Había quedado con unos amigos españoles para disfrutar de un día de playa en el Orzán.

Algunos de sus compañeros suyos del instituto también estaban en el arenal. «Vimos el helicóptero, las embarcaciones», contó Rubén Varela. Él y sus colegas comprendieron que algún problema se estaba produciendo. «Preguntamos y nos dijeron que un niño de color había desaparecido», indicó el amigo de Moussa. «Pero jamás pensé que se trataba de nuestro compañero. Me enteré en casa... Fue la peor noticia de mi vida», dijo.

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