Objetivo: no perder ni un solo donante de órganos

Médicos y enfermeras ensayan en el Centro Tecnolóxico de Formación técnicas para incrementar las donaciones


A Coruña / la voz

Paco es de silicona, pero respira, y, aunque acaba de sufrir un infarto, todavía le late el corazón. «¿Cómo te encuentras?», «¿Puedes hablar?», le pregunta un equipo de médicos y enfermeras de Urgencias, ayer reconvertidos en alumnos en el Centro Tecnolóxico de Formación del Chuac.

Paco, que es una mezcla parlante de plástico y circuitos robóticos, es el nombre del maniquí avanzado que hace las veces de paciente. Le pone voz Plácido Mayán, médico de Urgencias del Chuac, y maneja sus constantes en una consola informática Tito Vázquez. El enfermo está sobre una camilla rodeada del aparataje que, en la realidad cotidiana del hospital, se aplica a un infartado para tratar de resucitarlo. A veces, ni todos los intentos lo logran. Es entonces cuando los médicos piensan en otras vidas: las que cambiarán, muchos haciendo un quiebro a una muerte segura, con los órganos de un Paco de carne y hueso que ha dejado, definitivamente, de respirar.

«Este es un curso -explicaba Fernando Mosteiro, intensivista y ayer profesor- para dar pautas en cuanto a la detección y mantenimiento de potenciales donantes en los servicios de Urgencias».

La creciente necesidad de órganos, cada vez más preciados, choca de frente con otra realidad escasa de esperanza: en el país con la tasa de solidaridad más alta del mundo también desciende la donación. Baja no solo por los avances médicos que logran salvar casos hasta hace no tanto imposibles, sino también por la existencia de las negativas familiares a donar cuando la muerte llama a la puerta de casa. En Galicia alcanzan un 30 %, el doble de una media española donde también hay comunidades, como el País Vasco, «donde es cero; allí lo que está mal visto es negarse a ceder los órganos», subrayaba Mayán. «Por eso tenemos que intentar no perder ningún posible donante», insistía Mosteiro mientras explicaba a veinte profesionales de toda Galicia cómo ensayar la respuesta ante situaciones que, en cualquier momento, pueden presentárseles en sus hospitales.

«El doctor Matesanz, impulsor de la organización de trasplantes que ahora se jubila, ya dijo que la inversión más rentable es la formación de los médicos de Urgencias», subrayaba Tato Vázquez, representante en Galicia de la Sociedad de Emergencias, organizadora del curso junto a la Organización de Trasplantes.

«Lo primero es tratar de salvar al enfermo, pero cuando ya no es posible, hay que reaccionar y pensar que otras personas pueden recibir sus órganos», explicaba Mosteiro a un interesado y preguntón alumnado. Querían saber todos los detalles sobre la carrera contra el tiempo que se dispara con cada trasplante.

«En muerte cerebral tenemos más tiempo para programar y organizar, pero en los donantes en asistolia (o a corazón parado) no controlada el tiempo es muy limitado», añadía. Y tanto: no pueden pasar 15 minutos sin resucitación cardiopulmonar y ha de llegar antes de dos horas al hospital, sin dejar en ningún momento de comprimirle el pecho para que la sangre siga alimentando esos esperados órganos. En esos 120 minutos hay que poner en marcha todo un dispositivo, incluyendo la autorización de la familia y la judicial, el aviso al equipo quirúrgico, a los receptores....

Esta donación no controlada solo se lleva a cabo en el Chuac, «pero está previsto ponerla en marcha también en Santiago», confirmó Mosteiro. Un ejercicio que, en definitiva, solo persigue abrir puertas cuando la muerte se empeña en cerrarlas.

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