Trabajo sexual autónomo


Mientras Pamplona corre el riesgo de dormirse en los laureles con los ya previsibles sanfermines, Valencia, con las fallas, y Buñol, con su célebre Tomatina, la pujante Coruña pide a gritos un lugar de privilegio en el circuito festivo estatal gracias a las actividades navideñas programadas por la casa okupa de la Comandancia de Obras, que podrían ayudar a posicionar la ciudad en el siempre competitivo sector del turismo de ocio. Los muchachos de la Comandancia han seleccionado para estas fechas un ramillete de iniciativas que no desmerecen la celebración del vigesimoprimer cumpleaños de Paris Hilton o aquella legendaria juerga de los Rolling en la Mansión Playboy.

Vista desde el exterior de la Comandancia de Obras okupada
Vista desde el exterior de la Comandancia de Obras okupada

La primera gran aportación será una fiesta anarcotropical. Faltaba algo así. Hace tiempo que se viene comentando la necesidad de incorporar una actividad de este tipo a la noche coruñesa. ¿Y en qué consiste exactamente una fiesta anarcotropical? Bueno, no está muy claro, pero también es verdad que el efecto sorpresa suele ser el mejor aliado del éxito. Asistir en guayabera y bermudas no parece suficiente, pues queda sin atender el factor anárquico, que, paradójicamente, en su acepción más pura supondría no asistir a la fiesta. Cómo regresar a Bakunin por medio de la bachata y el merengue es la ecuación que debe resolver la factoría de ideas de Orillamar.

Para que el ambiente no decaiga en fechas tan señaladas se ha programado también un taller de construcción de estufas. Un plan que bien podría combinarse en el futuro con un curso de eficiencia energética, aprovechando que ventanas e incluso muros del edificio presentan el aspecto de un queso gruyer y retienen con dificultad el calor.

La oferta festiva de la Comandancia se completa con unas jornadas sobre trabajo sexual autónomo. Dicho así, y al margen del interés que puedan tener las charlas..., ¡a trabajar!: El ejercicio es una buena manera de caldear el interior de un inmueble al que viene bien el calor humano, y una actividad que encaja a la perfección con la manufactura de estufas.

El edificio es incluso peligroso y no parece muy sensato que alguien pueda morar en su interior en esas condiciones. Y si es cierto que los políticos deberían preguntarse si ofrecen soluciones eficaces a las personas que tienen la desgracia de no poseer un hogar o un empleo, también es verdad que no debe confundirse okupación con indigencia.

En cualquier caso, a la vista de tan animada programación se entiende que los políticos locales rechazasen en el pleno del lunes el desalojo de la Comandancia. Supondría renunciar a todas estas actividades, claro, y a ver si en Pamplona y en Valencia van a pensar que somos tontos.

Por Alfonso Andrade coruñesas

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