Okupación y democracia


Toda organización o movimiento autoritario se funda y sostiene desde sólidos principios de democracia y participación que luego resultan ser falsos, aunque eficaces para los líderes que saben pescar con cierta habilidad en el río del populismo. Poco importa aquí el mensaje contradictorio, a veces incluso ridículo a los ojos del mundo, porque todo se supedita en el fondo al interés y al beneficio de un grupo de poder. Seguro que todos tenemos en mente múltiples ejemplos, pero desde hace un par de semanas disponemos de uno muy claro en nuestra ciudad: el Centro Social Okupado de la Comandancia de Obras.

Vista desde el exterior de la Comandancia de Obras okupada
Vista desde el exterior de la Comandancia de Obras okupada

Su manifiesto fundacional no tiene desperdicio: «Estamos a construír un espazo aberto, autoxestionado, onde podes facer as túas propostas e participar das dos demais». Un espacio abierto a todos en el que a los periodistas no se les permite entrar a hacer fotos.

Y aquí hay dos temas que llaman poderosamente la atención. Primero, que se okupe una propiedad ajena, en este caso del Ayuntamiento, con el argumento de que el inmueble está abandonado y en consecuencia pasa a ser de dominio público, pero que al mismo tiempo se administre como una propiedad privada en la que se gestiona el derecho de admisión en un espacio municipal y, por tanto, de todos los coruñeses.

El segundo tema es el autoritarismo. Ese espacio supuestamente abierto a todos, asambleario, veta desde el primer día el democrático Derecho a la Información por decisión unilateral, una censura frecuente en regímenes totalitarios que se perpetúan desde la convicción de una honestidad democrática que en realidad no existe.

En el fondo, el movimiento okupa de la Comandancia de Obras, que nace como un aparente contenedor sociocultural lleno de música, teatro y otras actividades, es una plataforma política que tiene poco que ver con lo intelectual, parece tan solo una burda excusa para okupar un espacio. Solo política. Por eso en su manifiesto se definen como «axentes activos da nosa propia cidade», y advierten: «Faremos túneles, socavaremos o chan baixo o trono para expropiar a coroa». Y esto parece bastante alejado de la idea de cultura.

Eso sí, usarán el edificio para «tecer no barrio e na cidade a interacción amistosa entre persoas afíns». Y la pregunta es: ¿qué sucede con los que no son afines? De momento han decidido que los periodistas no lo sean. Parece que la discrepancia encaja mal en el falso liberalismo, que resuelve el problema poniendo a alguien en la puerta para prohibir el paso a un edificio autoadjudicado que no es de su propiedad. Y al final la gran cuestión es ¿qué piensa hacer con esto el Ayuntamiento?

Por alfonso andrade Coruñesas

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