El comercio local y las grandes marcas triplican las ventas del año pasado

Las compras se desploman en los diez días anteriores y posteriores al viernes negro


a CORUÑA / LA VOZ

La gráfica diseñada por Uqui Permui para la campaña del Día Internacional contra la Violencia de Género empapeló ayer de negro los escaparates de la ciudad y algunos vecinos preguntaron si los carteles tenían que ver con los del black friday. La jornada de saldos que en Estados Unidos señala el inicio de la temporada navideña después del Día de Acción de Gracias no gozaba de gran arraigo en España, pero este año superó las expectativas hasta por ese altavoz azaroso que trajo a la violencia machista. Las compras rebasaron con creces las del viernes negro del año pasado, en muchos comercios se triplicaron y, a falta de datos precisos, arrojaron a las tres grandes áreas comerciales de la ciudad -Marineda, plaza de Lugo y entorno de la calle Real- a decenas de miles de personas dispuestas a gastar decenas de millones de euros, según el cálculo que hizo Sandra a partir de los 11.000 euros que factura la tienda en la que trabaja, en la plaza de Lugo, en una jornada extraordinaria como la de ayer.

 «Hay una segunda lectura, claro -explicaba Manuel, gerente de una zapatería en el centro-, y es que llevamos desde el 12 de noviembre con las ventas completamente paradas y los próximos quince días, cuando tradicionalmente arrancaba la temporada de compras de Navidad, seguiremos igual. Para el pequeño comercio el black friday no sale a cuenta». Enfrente de su tienda, en una lencería de una cadena multinacional se anunciaban descuentos del 50 %. «Contra eso no puedes luchar, te arrastran las grandes superficies, Inditex [ayer aplicó un 20 % en todas sus marcas] y las grandes cadenas, y al final pasamos todo el año rebajados, pero nuestros márgenes no son los de ellos», detallaba una dependienta a pocos portales de distancia.

En la calle Compostela, a media mañana, Nuria ya celebraba el día. «Lo que haga Zara nos beneficia a todos». Zara levantó las persianas y la cola de personas que esperaban para ser las primeras serpenteaba por la mitad de la manzana. En Pull & Bear la caída de ventas ni siquiera fue rotunda en los días previos. «En chicas quizá, pero en chicos no, ellos no se enteran de las promociones», explicaba una trabajadora. Era la tienda de Marineda, un lugar curioso en el que hay tanta gente con la mirada perdida como leyendo una etiqueta.

Alba, Paula y Marta, tres estudiantes de Verín fieles a Inditex, acababan de llegar a Pull & Bear y planeaban gastar 100 euros, «como mucho», en «siete u ocho» pantalones y jerséis, su primera compra desde el verano, salvo «algún capricho, en plan, una blusa o algo así». Era primera hora de la tarde. Había algunos empujones, ropa y zapatos desparejados por todos lados y medias de gasto de 100 euros por persona, «entre la gente de 500 y la gente de 50», apuntó una de las encargadas.

Fuera, en Media Markt, donde hubo quien corrió esprints a las diez en punto de la mañana para ser el primero en cruzar el umbral, a las seis de la tarde los clientes tenían que esperar para pagar sus smartphones, PS4 o secadores de pelo, entre 10 y 15 minutos. No aflojaron. Los taxistas, el transporte público, las plazas de aparcamiento pasaron el día en continuo movimiento. Solo en el centro de la ciudad el tráfico se calmó al final de la tarde. En Marineda el bullicio no cesaría hasta la madrugada. «Hoy abrimos hasta las 12, yo trabajo en un restaurante, la gente hará sus compras y vendrá a cenar. Aquí hoy no libra nadie», explicó John Suárez en un momento de descanso, en la cola de Media Markt, comprando un regalo para su padre.

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