Mauro Silva, Fran y dos calles sin nombre


Categoría deportiva y carisma. Solo la fusión de estos dos elementos explica lo que ha ocurrido esta semana con la votación de las leyendas del Dépor. El 22 de mayo del 2005 colgaba las botas en Riazor el futbolista Mauro Silva. Han pasado más de once años, pero el tiempo corre y se mide de otra manera en el corazón de los deportivistas, donde no ha transcurrido ni un solo día, y así, más de una década después de que los seguidores sacaran a hombros al brasileño del terreno de juego, el recuerdo del campeón del mundo permanece intacto por su categoría y su carisma.

Fran y Mauro Silva
Fran y Mauro Silva

Con motivo de su 110.º aniversario, el club lanzó en Internet la iniciativa O balón das nosas lendas, que incluía una votación para elegir a los diez jugadores más importantes de la historia blanquiazul. Y el primer puesto fue para Mauro, inmune a la tiranía del olvido a pesar de que muchos de los que lo votaron, jóvenes de la generación de las redes sociales, ni siquiera lo habrán visto en el campo.

En el grupo de los elegidos aparece Bebeto, que como ponderaba el jueves un viejo aficionado mientras tapeaba en el Delicias, «é da terra». También Donato, o Fran, que colgó las botas en el mismo partido que Mauro y al que el paso del tiempo tampoco ha privado del cariño y el reconocimiento de la afición, protagonista del caluroso homenaje que, junto al propio Silva, se le tributó el día de su despedida.

Pero volvamos a retroceder en el tiempo. El 9 de junio del 2005, el pleno del Ayuntamiento, con el alcalde Francisco Vázquez a la cabeza, decidía por unanimidad conceder sendas calles a los futbolistas recién retirados, que con tanta brillantez habían defendido los colores del club coruñés: 13 años en el caso de Mauro y toda su vida deportiva en el de Fran.

¿Y qué ha sido de aquellas promesas viarias? Pues moran en un limbo eterno sin que nadie haya explicado nunca por qué. Poco duró Vázquez en el trono municipal, que cambiaría por una embajada cerca de la Santa Sede, y ninguno de sus sucesores, Javier Losada, Carlos Negreira y Xulio Ferreiro, se han atrevido a retomar el asunto.

Eso sí, por el camino se han caído del callejero generales y alféreces de adscripción franquista para ir dando paso a la calle de la Educación, la de la Filantropía o la avenida de la Concordia en nombre de una memoria histórica que, es curioso, no han perdido los aficionados blanquiazules pero parecen haber olvidado los políticos locales. Ni a Mauro ni a Fran se les conoce un pasado falangista, así que dejemos que, en aras de la filantropía y la concordia, el sentir del deportivismo se abra paso de una vez por todas por nuestras aceras, y que, en aras de la educación cívica, las decisiones del pleno -es decir, de los ciudadanos- se cumplan como se acordaron.

Por Alfonso Andrade CORUÑESAS

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