Los relojes públicos se cansan de dar la hora

Los expertos destacan la importancia de unas maquinarias que incluso condicionaron los edificios en que fueron instalados


A Coruña / La Voz

Han parado el tiempo. Las agujas han detenido su caminar. Algunos relojes públicos de la ciudad ya no marcan las horas. Quizá la solución esté en leer a Julio Cortazar y sus Instrucciones para dar cuerda al reloj: «Allá en el fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente...». Al reloj del palacio de María Pita hay que darle cuerda todos los días. Hace poco se paró, «era porque rozaban la agujas de una de las esferas pero ya está solucionado», explica Antonio González Mallo, que es el encargado de los relojes públicos que dependen del Ayuntamiento.

Antonio está ocupado últimamente con el reloj del Obelisco: «Llevaba 40 años sin que se le hiciera nada y las piezas se van desgastando». Por ello están haciendo «los casquillos donde van los ejes, porque estaban muy desgastados». En este caso, con darle cuerda cada tres o cuatro días es suficiente. El que más cuerda tiene es el del instituto Eusebio da Guarda que puede tirar hasta una semana.

De todos modos, el reloj que más trabajo da a Antonio González es, sin duda, el floral que está en los jardines de Méndez Núñez. «Le están haciendo unas agujas nuevas», decía antes de que se las instalara el pasado viernes. En este caso, los parones del reloj no se deben precisamente a la maquinaria.

De todos modos, en algunos casos ya es habitual ver el reloj parado. Ocurre con el de la Fábrica de Tabacos. La esfera sigue en la fachada, marcando las 7 horas y 20 minutos. Ahí se quedó un día del año 2002, pero la maquinaria está ahora en la relojería Dans, en la calle Juan Flórez. Allí le están haciendo una puesta a punto al que es, junto con el del palacio de María Pita, el más antiguo de la ciudad. Anterior a ellos es el de edificio de Capitanía, «pero ese no está instalado, está en el Museo Militar, y menos mal que está allí, que no se perdió, como otros», apunta Carlos Sánchez de la relojería Dans.

El reloj de Tabacos, construido en el año 1895 y posiblemente instalado en 1911, volverá a su lugar habitual después de la apertura de la reforma del edificio que lleva a cabo la Xunta. Y es que, según Sánchez, hay una simbiosis «entre el edificio y la máquina». Así, el de la fábrica de la Palloza «es una maravilla de máquina y el edificio está diseñado en función de la misma, porque esto suponía una inversión importante y Tabacos podía hacerla». Algo similar ocurre con los relojes del Instituto Masculino y el Eusebio da Guarda. Sobre el que está en el Consulado, en la calle Panaderas, este experto aventura: «No lo conozco, pero viendo el edificio seguro que es bueno». En muchas ocasiones, indica, el diseño del inmueble se hacía en función de las pesas del reloj. Y mientras algunas maquinarias se agotan, otras, como la del reloj de Correos, no solo dan las horas sino que ponen música, aunque sea la melancólica Negra sombra.

Al de la Fábrica de Tabacos le han puesto esfera nueva pero sigue detenido en el año 2002

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