Cien años guiando a los vecinos del barrio de Atocha

La Grande Obra clausuró los actos del centenario de la llegada del Niño Jesús de Uvas y Espigas

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Colegio Grande Obra de Atocha Centenario del Colegio en el barrio de Atocha: recreación de la llegada del niño de uvas y espigas al barrio Colegio Grande Obra de Atocha Centenario del Colegio en el barrio de Atocha: recreación de la llegada del niño de uvas y espigas al barrio

a coruña

Estudiantes, exalumnos, profesores, personal no docente, familiares y amigos abarrotaron ayer por la tarde el salón de actos del colegio Grande Obra de Atocha para celebrar la clausura del centenario de la llegada a la ciudad del Niño Jesús de Uvas y Espigas, una pequeña talla ideada por el sacerdote Baltasar Pardal Vidal (1886-1963), que años más tarde daría lugar a la creación del centro escolar y del instituto secular Hijas de la Natividad de María.

La recreación de la llegada del también conocido como Niño de Atocha (el 16 de mayo de 1915), en la que participaron alumnos vestidos de peregrinos y campesinos, así como pequeños ataviados con el uniforme de la guardia vaticana, y otros luciendo los trajes de su primera comunión, que desfilaron al son del Himno del Antiguo Reino de Galicia, se completó con una misa presidida por el arzobispo de Santiago, Julián Barrio, y un concierto en el que participaron el coro Cantabile, el grupo Keilin 4 Ensemble, Cántigas da Terra y Os da Veira do Monte.

La celebración de ayer puso fin a un intenso año de celebraciones, que hoy clausurarán los alumnos del colegio con una pequeña fiesta. Así lo explicaba la directora del centro, Celsa Boquete, quien recordaba que la labor del Baltasar Pardal se inició en la ciudad en 1913, cuando el sacerdote, ordenado apenas tres años antes, fue nombrado coadjuntor de San Nicolás.

La labor de Baltasar Pardal

En aquellos años, rememoran desde la Grande Obra, «el barrio de Atocha era un lugar marginal, lleno de pobreza y falto de ayuda, pero don Baltasar aceptó el reto de mejorar su calidad de vida». Se puso manos a la obra, y con la ayuda del Niño de Uvas y Espigas (porta ambos elementos, símbolo del pan y el vino de la eucaristía), logró lo que había soñado: un gran comedor, una gran cocina, una gran escuela (el colegio Grande Obra se creó en 1923) y unos grandes talleres, en los que las mujeres aprendían un oficio.

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