Tres grandes proyectos para un palacio de congresos al borde del mar 


La primera gran obra del milenio en la ciudad tomaba forma. El palacio de congresos que se levantaría junto al muelle de Trasatlánticos tenía, al fin, cara. Aunque, ¿cuál? Tres maquetas lucían unas junto a otras en la apertura de ofertas para el ambicioso proyecto.

Detrás estaban los lápices de grandes arquitectos. Del diseño de la propuesta de Fomento y Desarrollo Turístico -una estructura de acero y hormigón con una cubierta en forma de alas de gaviota- se habían encargado César Portela y Ricardo Bofill. Jerónimo Junquera y Marc Fenwick habían ideado la de FCC, una prolongación de las galerías de la Marina con predominio del cristal. Y Arturo Franco Taboada y Jean Nouvel firmaban El Muelle, la de Dársena Marineda. El nombre se debía a la intención de no perder de vista el origen de la zona: montacargas, pórticos, contenedores, colores de patentes de barcos... Su proyecto daría continuidad a la historia portuaria del lugar.

Sería el primero el que se haría con el concurso, aunque no sin polémica. La adjudicación llegaría incluso al Tribunal Superior, que se mojaría: El Muelle era el mejor, sentenciaría casi un año antes de que a Nouvel le fuese concedido el Pritzker.

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