«Jerónima», pescantina de San Agustín, choqueira y socialista

Rodri García A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

Muy amiga de las bromas, con 70 años entró con sus hermanas en el Banco Pastor, vestida de atracadora

16 abr 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Llevaba unos minutos hablando y de pronto musitó: «Estoy seguro de que en estos momentos está escuchando esta conversación». Esto decía ayer Juan Carlos, uno de los hijos de Antonia Seoane Álvarez. El nombre dice poco porque esta mujer de 91 años, cuyas cenizas eran depositadas ayer por su familia en San Amaro, era para mucha gente Jerónima o Toñita. O al menos una de las Jerónimas, ese clan de pescantinas que llevaban un siglo con un puesto en la plaza de San Agustín. Toñita fallecía el pasado miércoles, y el jueves, día de la República tenía lugar la cremación de esta mujer que durante toda su vida fue militante socialista. Así lo muestran sus fotos con Felipe González en el mítico mitin del Pabellón de Riazor. «En algún acto hasta esperaban por ellas», apunta su hijo Juan Carlos, que recordaba asimismo la presencia de Francisco Vázquez y otros cargos del partido en el entierro de Maruja y Carmiña, hermanas de Toñita.

Esa larga militancia socialista solo se ha roto con su fallecimiento, puesto que cuando hace un año llevaba un tiempo como apagada, en una comida familiar comentó su hijo que la iba a dar de baja del partido. «Me darás de baja cuando me muera», musitó ella como volviendo en sí.

Jerónima era de fidelidades firmes y la principal fue su actividad profesional en la plaza de San Agustín: «Desde que se jubiló hasta que llegó a los 89 años iba todos los días por allí», recuerda Juan Carlos. Fueron años y años en los que a primera hora de la mañana iba a comprar el pescado a la lonja y luego lo vendía en la mencionada plaza.

En uno de esos recorridos, recordaba ayer su hijo, Antonia hizo una de sus bromas más sonadas, «que acabaría costándole un pequeño disgusto». Ocurrió cuando tenía unos 70 años. Se puso de acuerdo con sus hermanas, se disfrazaron de atracadoras (con gabardinas, ametralladoras de plástico, maletines con copias de billetes que salían por fuera...) y entraron en la central del Banco Pastor simulando que era un atraco. Acabaron ante la policía, aunque el asunto no fue a mayores.

Claro que en otra ocasión, en los ochenta y tras el golpe de Tejero, eran ellas las autoridades: un día fueron a comprar el pescado a la lonja vestidas de guardias civiles, poniendo multas a diestro y siniestro, evocaba su hijo.

El aire choqueiro de Toñita salía también a relucir cada vez que había un partido importante del Deportivo. Eran días en los que los colores azul y blanco ocupaban el puesto de las Jerónimas, que el pasado mes de septiembre echaba el cierre. Lo hacía Merchi, conocida como La Nena, sobrina de Toñita (hija de su hermana Maruja), que ponía fin a una larga dinastía familiar que, curiosamente, había iniciado su actividad con el peixe antes incluso de que existiera este mercado.

Como siempre, en San Agustín, en las Atochas y, sobre todo, en el barrio de Monte Alto, las Jerónimas seguirán siendo una referencia, y se seguirán recordando las historias y ocurrencias de Toñita, socialista, choqueira y, sobre todo, una pescantina de ley.