La crisis de las vacas locas no llega a la plaza de Lugo

En marzo de 1996 los carniceros de la ciudad se mostraban tranquilos

El presidente de los carniceros, fileteando
El presidente de los carniceros, fileteando

Una semana después de que se desatase la crisis de las vacas locas en el Reino Unido, con el embargo al comercio de carne británica por parte de la UE, los carniceros coruñeses notaban un aumento en la venta de vacuno. De alrededor del diez por ciento, calculaban.

«Todo el mundo sabe que la carne que se vende aquí es criada en Galicia. Y la cabaña gallega no tiene ningún problema», explicaba el presidente de estos profesionales, Manuel Becerra, desde su puesto de la plaza de Lugo. Con la epidemia localizada en las islas, el precio de la carne, que oscilaba entre las 1.000 y las 1.500 pesetas el kilo, «podría subir 200 o 300 pesetas en dos o tres meses», vaticinaba.

Pasarían cuatro años hasta que se detectase un caso de encefalopatía espongiforme bobina en una res gallega. Entonces, la psicosis haría estragos en el sector.

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