Las ondas sísmicas perturban el sueño de los coruñeses

El 11 de marzo de 1996


El subsuelo gallego andaba revuelto desde hacía meses. Los pequeños seísmos (más de un centenar) se habían repetido en la montaña lucense y algunos se habían dejado sentir en la ciudad. Incluso causando algún daño de escasa importancia, como la caída de una casa en ruinas en la calle Castiñeiras de Abajo. En eso un nuevo temblor -que, según Instituto Geográfico Nacional, no tenía relación alguna con los de Lugo- sacaba de la cama a los coruñeses a las 6.52 horas. Su magnitud, 3,6 en la escala de Richter. El epicentro, en la zona de cabo Prior. No hubo daños materiales, pero sí un gran susto y numerosos avisos a los servicios de emergencias. «Los terremotos que se han venido produciendo en esta comunidad son normales, y desde luego no para alarmarse», tranquilizaba el Observatorio Geofísico de Santiago.

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