«Mientras una persona duerma en un cajero quedará mucho por hacer»

Está inmerso en un proyecto que pretende dotar de una pequeña casa a los sintecho


a coruña / la voz

Lleva casi tres años al frente del Hogar Sor Eusebia, que hasta entonces estaba atendido por los Hermanos Misioneros. La llegada del exconcejal andalucista Diego Utrera supuso una profesionalización y modernización de esta institución cofundada y presidida por José Vicente Martínez Rico. Una muestra de ello es el nuevo proyecto que están poniendo en marcha con la colaboración de la Escuela de Arquitectura, unas pequeñas viviendas dotadas con lo básico para dar cobijo a los que duermen en la calle y separadas del Hogar, situado en el lugar de Bens. Allí nos recibe su director.

-¿Dónde se ubicarán las casas?

-Todavía no lo sabemos. El proyecto inicial hablaba de un suelo que tenemos anexo al Hogar, pero es rústico. Por eso, cuando estuvimos hablando con el concejal de Rexeneración Urbana el pasado 11 de diciembre, nos preguntó si habría algún inconveniente en hacerlo en suelo cedido por el Ayuntamiento. Y nosotros encantados, claro, porque eso nos permitirá acortar los plazos.

-¿Tienen fecha ya para reunirse con los responsables municipales?

-Quedamos en volver a vernos en enero, por lo que supongo que en los diez primeros días de febrero tendremos una reunión. Además, el director de la Escuela de Arquitectura, Fernando Agrasar, se ha comprometido a interceder ante Xiao Varela, ya que son compañeros de profesión y les unen lazos de amistad, para conocer cuanto antes los detalles.

-¿Preferían que se construyesen al lado de las instalaciones del Hogar Sor Eusebia?

-Tener el Hogar al lado podría parecer una ventaja, pero podría difuminar un poco algo que me parece esencial, como es la distinción entre una institución y la otra. Mi Casita es una cosa y el Hogar otra, aunque ambas pertenezcan a la institución benéfica de Sor Eusebia.

-¿En qué radica esa diferencia?

-Tienen un tipo de usuario distinto y el régimen es también diferente. Lo que nos preocupa y el objetivo principal de esta iniciativa es que no duerman en la calle. Se dirige a los invisibles, a los que todo el mundo ve en los cajeros, pero nadie les mira a los ojos, porque al que lo hace se le queda algo grabado.

-En otras instituciones aseguran que se les ofrece techo, pero que algunos rechazan la ayuda.

-Es cierto, las cosas no son siempre tan sencillas. Esta ciudad está dotada de unos recursos asistenciales importantes para las personas en situación de exclusión social: Padre Rubinos, Cocina Económica, Renacer, Cruz Roja y otras más que hacen una gran labor. Pero mientras quede una sola persona durmiendo en un cajero, todavía quedará mucho por hacer. Y ahí es donde tiene su razón de ser este proyecto. A menudo se rechazan estos recursos por parte de los que deberían ser sus beneficiarios porque no son capaces de integrarse en ellos o porque el grado de desestructuración personal es tal que les es imposible cumplir con las normas de funcionamiento.

-¿Y qué harán en esos casos?

-Tendrán un nivel de exigencia mínimo. Estas personas suelen llevar consigo un carrito o bolsas llenas de cosas que seguramente sean inútiles, pero son su patrimonio, su vida. Así que en la casita podrán depositar estas pertenencias. Esto implica un primer indicio afectivo que es también el primer síntoma de una mínima regeneración, porque esa persona ya identificará un sitio al que volver todos los días con unas condiciones de decencia que favorecen la autoestima. No es lo mismo un cajero que una casa, por muy básica que esta sea. Lo que pasa dentro de la casa es su vida, hay que darles libertad, aunque habrá una supervisión de las instalaciones, un control muy sutil. Lo fundamental es darles una referencia en sus vidas, recuperar algo de dignidad, y mejorar en salud y seguridad. No podemos quedarnos en el discurso simplista de que si no van es porque no quieren.

«Acepté dirigir el Hogar porque mi conciencia no me permitía decir no»

-Su acento no suena muy gallego. ¿Cómo llegó hasta aquí?

-Soy de Cádiz, pero estuve 18 años en Francia, dirigiendo centros de salud mental infantojuvenil, y después en Jerez dirigiendo el departamento de Servicios Sociales del Ayuntamiento y un geriátrico en la provincia de Málaga. Y ahora no estaba trabajando, estaba cobrando ya la jubilación de Francia, pero tenía la sensación de que la sociedad se había portado muy bien conmigo y que tenía que devolverle algo. Leí que aquí se buscaba un director y recibí la llamada del presidente. Vine y vi que quedaba mucho por hacer. Lo cogí con ilusión, acepté porque mi conciencia no me permitía decir que no.

-Dejando atrás toda su vida.

-Es que esto requiere todo tu tiempo, hasta el punto de que vives en el Hogar. Termina siendo incompatible con casi cualquier tipo de vida social o familiar. Y yo tenía unas circunstancias personales que me permitían aceptar el puesto. Estaré hasta noviembre y espero que para entonces todo el proyecto esté encaminado.

-Cogió el relevo de los Hermanos Misioneros, que se hacían cargo del Hogar antes de su llegada.

-Todo evoluciona, incluso el concepto de exclusión social. Los Hermanos Misioneros tenían falta de vocaciones para el relevo generacional y había que adaptarse a esa evolución. Así que se le pretendió dar un giro a todo esto desde una perspectiva de profesionalización, más allá de todo lo que se hace solo con buena voluntad, que es muy loable, pero a veces no es suficiente. Por eso se contrató a una enfermera, se amplió el tiempo de la terapeuta ocupacional y se formó un nuevo equipo que hizo que esto cambiase considerablemente.

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