Escasa altura de miras


La calle Oleoducto, que conecta los barrios de Eirís, Castrillón, Monelos y Barrio de las Flores, no se llama así por casualidad. Debe su nombre a las catorce tuberías subterráneas que recorren su trazado y que a lo largo de seis kilómetros y medio conducen el petróleo de Repsol desde el puerto a la refinería. Miles y miles de toneladas de crudo discurren a lo largo de los años bajo nuestros pies, en lo que un día se calificó como una bomba de relojería.

Desde hace décadas, los socialistas estamos empeñados en cambiar el nombre a esta calle y hacerlo como un gesto simbólico: como el pago de una deuda que las administraciones públicas y las compañías petrolíferas tienen con nuestra ciudad. La misma ciudad que ha sufrido en su piel y en su aire los desastres del Urquiola, del Mar Egeo y del Prestige, por citar algunos de los más graves accidentes medioambientales padecidos.

Por razones como esta el puerto exterior fue innegociable en su día y hoy es incuestionable. Porque su primer objetivo es librar a la ciudad de un riesgo evidente, de un peligro potencial cada vez que uno de los cientos de buques cargados de crudo se acerca a nuestras costas y cada vez que un litro de ese crudo circula por el oleoducto que atraviesa las entrañas de nuestros barrios.

El segundo objetivo del puerto exterior no es menor, pues supone recuperar para la ciudad una parte del espacio perdido, otorgándonos en pleno siglo XXI la oportunidad única de hacer una ciudad nueva dentro de la ciudad, la oportunidad de repensar lo que queremos ser y hacia dónde queremos avanzar. En la coyuntura actual, no es responsable tampoco renunciar a este reto que pocas veces más se presentará ante nosotros. Y el tercer objetivo, por ser el más pragmático, no es el menos relevante. El puerto exterior es la esperanza de futuro industrial, empresarial y económica que tanto llevamos esperando los coruñeses. Una dársena de esas dimensiones y capacidades nos abre la vía para ser referentes del noroeste Atlántico en tráfico portuario, lo que se traducirá en movimiento financiero y en empleo.

Por todas estas razones, el puerto exterior es un proyecto de ciudad, un proyecto metropolitano, un proyecto de Galicia y un proyecto de Estado. Estamos seguros del éxito de esta gran infraestructura y de que los objetivos se alcanzarán.

Pero para confirmar este fundamentado deseo hay que tener visión de futuro y altura de miras. La misma altura de miras y visión de futuro que lamentablemente le ha faltado a Xulio Ferreiro con una desafortunada comparación que ponía en cuestión la utilidad de esta infraestructura estratégica. Los socialistas, como la inmensa mayoría de los coruñeses, creemos en el puerto exterior y en el futuro de progreso que nos garantiza. Exigimos, por tanto, al alcalde que rectifique, que reconsidere sus palabras y que ejerza como el primer edil que es, como el primero de los coruñeses en la defensa responsable y a ultranza de la ciudad a la que representa. Los socialistas así lo haremos, como siempre lo hemos hecho: desde el gobierno cuando nos ha correspondido e igualmente desde la oposición.

Por Jose Manuel Dapena Portavoz del grupo municipal del PSOE

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