Miles de franceses que quisieron rendir su personal homenaje a las víctimas de los ataques terroristas del viernes pasaron ayer por la plaza de la República hasta que cayó la noche. La prohibición de manifestarse que impone el estado de emergencia no se lo impidió. La plaza, epicentro de la solidaridad frente a los atentados contra Charlie Hebdo en enero, fue ayer el principal lugar de concentración, pero también los cafés que sufrieron los atentados se convirtieron en destinos de peregrinación. A ellos acudieron los parisinos para ofrecer sus oraciones y expresar su dolor y tristeza depositando flores y velas y dejando sus mensajes de esperanza. Frente al bar Le Carillon, el restaurante Petite Cambodge, la sala de conciertos Bataclan... la gente se agrupa porque necesita expresar que el terror no les ha vencido.

Tras pararse un momento a recordar a las víctimas, la gente intenta aún recuperar la normalidad en un ambiente de calma poco habitual: los metros funcionan como cualquier otro día, salvando alguna alarma puntual y una fuerte presencia policial. Las familias acuden con sus bolsas de picnic al parque de Buttes Chaumont, destino típico de los domingos parisinos hasta llenarlo. Las terrazas ya no están vacías.

«La verdadera pesadilla fue el viernes. Hoy hay comercios cerrados y muchos militares por la calle, pero dentro de lo que cabe, normalidad», cuenta Marta Acevedo, madrileña. Se ha acercado junto con sus amigos a la zona de los atentados. «Su objetivo es infundir miedo y paranoia en la población. Hemos salido para demostrar que no lo han conseguido», añade. Cree que «si hubieran atacado a un político, habría sido diferente. Pero han atacado a gente que salía de fiesta un viernes por la noche». En la plaza de la República, entre las velas, se ofrecen abrazos, se regalan flores y se entonan canciones de paz. Dos hombres visiblemente emocionados sostienen carteles que rezan: «Soy musulmán, no un terrorista. Os queremos». La gente al pasar les susurra palabras de ánimo o les tiende la mano. Rodeando la colosal estatua de Marianne, un cartel condensa el sentir de los franceses: «Même pas peur» (ni siquiera miedo). Unas periodistas españolas comentan: «Hoy no verás muchos extranjeros por aquí. Los que han salido son casi todos franceses».

«Este fin de semana muchos planes se cancelaron por miedo y paranoia, tanto la población como los comercios», explica un grupo de franceses. «Todo el mundo aquí ha dejado lo que tenía previsto y se ha acercado a la plaza a rendir su homenaje. El ambiente sigue siendo particular, pero algo más cálido que ayer», explican.

«Lograremos rehacernos»

El miedo, no obstante, volvió a sobrecoger al final de la tarde a los parisinos que estaban en la plaza, cuando la bombilla de un bar explotó y el sonido fue confundido con el de un disparo. El lugar se vació y las fuerzas de seguridad tomaron de inmediato el control.

Un aficionado francés que estaba el viernes en el Estadio de France presenciando el partido admite que tuvo miedo durante la evacuación, pero que ya se siente más tranquilo. Al preguntar cómo piensan que serán los próximos días, todos recuerdan el atentado contra Charlie Hebdo y sus secuelas. Como una sola voz, afirman que presienten semanas duras, pero se rehacen de inmediato: «Al igual que en el pasado enero, lograremos rehacernos. Sin pensar en otra cosa, sino avanzando sin olvidar lo sucedido».

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de A Coruña

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
9 votos
Comentarios

Peregrinación a los cafés del crimen