Antonio Desmonts: «Conviví con nueve alcaldes y no me peleé con ninguno»


E n la azotea del palacio municipal de María Pita conviven antenas parabólicas y gaviotas. El reloj del Ayuntamiento es como un reloj de pared de los despachos abuhardillados que se encuentran en esta zona. En uno de ellos me recibe Antonio Desmonts Basilio. «Menos una etapa que estuvimos en Cuatro Caminos, llevo en esta mesa 36 años», comenta sonriente. Sobre la misma hay planos, regla, escuadra y cartabón. Empezó a trabajar en septiembre de 1973, siendo alcalde Pérez Ardá. «Conviví con nueve alcaldes y no me peleé con ninguno. Me he llevado bien con todo tipo de políticos y ninguno habló mal de mí». El 14 de julio cumple los 70 y se jubila. El día 17 habrá una fiesta en el monte de San Pedro. «Ha habido tiempo para hacer de todo. Antes era más romántico, se hacían los proyectos a mano, ahora es distinto», asegura con cierta nostalgia. Es padre de 3 hijos, uno de ellos arquitecto como él. A las dos hijas se les dio por el mundo del Derecho y de las Bellas Artes. Tiene 6 nietos. «Soy abuelo total», asegura.

Obras y más obras

Salen a relucir infinidad de obras en las que participó. «Me gustaría que me recordasen por la cubierta de Riazor, un proyecto muy difícil. Intervine mucho en el diseño del paseo marítimo, de cantidad de plazas... La gente solo se acuerda de las obras grandes, pero se hicieron cantidad pequeñas e importantes», comenta. «Menos una iglesia y una plaza de toros he hecho de todo». Salen a relucir las polémicas terrazas de María Pita. «Buff. Hubo ataques muy duros. En este oficio los errores son casi todos, porque se funciona con el gusto de la gente. Lo curioso es que todos los veranos venían de otros ayuntamientos a pedir los planos para hacer algo similar en sus ciudades».

Natación y golf

Desde siempre se levanta a las seis de la mañana sin necesidad de despertador. «No he parado en toda mi vida. Y ahora, aunque me jubile, me voy a seguir levantando a la misma hora. Si te planteas la jubilación a base de hobbies la cosa va para abajo rápido, hay que fijarse obligaciones», reflexiona. Le gustan la pintura y la escultura. En el despacho tiene a medio hacer un mural en el que aparecen todos los que trabajaron con él. «Siempre pinté para gente de casa, el tiempo dirá si hago una exposición». Practica natación y golf. No le gusta especialmente viajar. Utiliza un Nokia para hablar «Llego tarde al whatsApp», comenta. Le pregunto por su principal virtud y contesta rotundo «no tengo». ¿Y su defecto principal? «Soy muy chapuzas. Yo sé cómo hay que acabar las cosas y quizás abandono antes de tiempo», confiesa. Su lugar favorito es la bahía de Riazor. «Me gusta más que la del puerto». A punto de cumplir setenta «creo que he tenido suerte con la gente que me he encontrado. Mucha suerte». Al arquitecto que ocupe su puesto le da un consejo: «Que le guste este oficio. Que no sea ambicioso y que se entregue. Unos piden unas cosas y otros, otras; siempre que sea legal, estás obligado a hacerlo». Nos despedimos. «Esta casa consistorial la reformé entera, desde la fachada al salón de plenos. Todo», apunta con cara de satisfacción Antonio Desmonts.

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