Domingos de rali para los sacerdotes de la comarca

Varios curas relatan sus estresantes jornadas para celebrar todas las eucaristías programadas en parroquias mal comunicadas

pablo Barro
A Coruña / La Voz

«Y angosto es el camino que lleva a la vida». Cada domingo, decenas de sacerdotes de la comarca coruñesa, como en el resto de Galicia, mascan al volante de sus vehículos las palabras escritas por el evangelista Mateo hace dos mil años. Porque entre misa y misa, constatan la angostura de los caminos que han de recorrer a toda velocidad para no llegar tarde con la Buena Nueva. Es el domingo su día de mayor estrés, una jornada en la que combinan la oración con el rali al que están obligados a correr para no hacer esperar a sus feligreses en las parroquias del rural. Lejos de las misiones del Tercer Mundo, algunos se juegan la vida cada domingo. La falta de vocaciones ha desembocado en el escaso relevo generacional de sacerdotes y, en consecuencia, los actuales curas han de asumir una sobrecarga de parroquias que obligan a un esfuerzo titánico especialmente el Día del Señor. Visitan iglesias y capillas por carreteras donde ni la DGT ni las grúas de las aseguradoras han puesto nunca un neumático encima.

Manuel Vázquez Ares ha declinado gestionar la parroquia de Irixoa. No es por comodidad, simplemente que los días no pasan de 24 horas. «E así é imposible». Las fiestas de Santa Cruz le han salvado hoy de otra maratoniana jornada de estrecho asfalto entre Feás, Vilarraso, Aranga, Monfero o Verís. Porque cada domingo desde las nueve de la mañana hasta las siete de la tarde da una misa cada sesenta minutos en un rincón diferente, generalmente desprovisto de autovía o similar. En cada curva se la juega. «Eu non corro pero vou deprisa». Y esa prisa no es vocacional, es necesidad. «Non me gusta facer esperar á xente, cando están coas campanadas eu xa teño que estar dicindo ??En el nombre del Padre...??», relata Vázquez Ares, religioso agustino que ha de hacer malabares con el tiempo para atender nueve parroquias y a su propia madre, una mujer de avanzada edad.

Hace unos días el cuentakilómetros de su coche le ofreció una curiosa imagen: 444.444 kilómetros, camino del medio millón. «Xa o mercara de segunda man e nunca tivo unha avería». Pero sí hubo sustos dominicales. «Unha vez estiven a piques de sufrir un accidente grande, baixaba de Pousadoiro a Aranga e quedei sen freos. Tiven que escoller entre o río e a cuneta». Escogió cuneta y su voluminoso coche de 23 años aguantó la embestida. «Se fora un modelo novo xa estaría cascado..., pero para ir polas parroquias non hai outro mellor ca este tanque».

Un control de la Guardia Civil un domingo le desarmaría la agenda. Don Manuel va siempre con el tiempo justo. Por suerte, Tráfico nunca le ha parado. De hecho, no suele verlos por estos viales o caminos por los que él circula. «Si me teñen parado pola semana cando veño de Ferrol ou Betanzos, pero un domingo de misas nunca», explica.

Lleva ocho años en estos parajes. Se encontraba en Madrid como profesor cuando la salud de sus padres le obligó a mudarse. Le asignaron un número de parroquias en la zona de Aranga e Irixoa que fue creciendo a medida que sus colegas sacerdotes se iban jubilando. Pero ya no da para más. «O problema é que todos os veciños queren a súa misa o domingo, iso fai que a situación para os curas sexa tan extrema, habería que buscar a fórmula de que nalgunhas parroquias aceptasen os sábados, é igual de lícito que o domingo».

De ruta por Miño

Otro Manuel, Castiñeira Picallo, lleva 35 años de peregrinación eucarística por las distintas parroquias de Miño y municipios limítrofes. Sus dominios llegan hasta Monfero y a bordo de un Seat Ibiza casi nuevo recorre los 17 kilómetros desde la casa parroquial de Miño. Sale a las nueve menos cuarto de la mañana para estrenar la jornada con la misa a las diez en Queixeiro (Monfero). De ahí se dirige a Callobre (Miño), la eucarísta es a las once y cuarto. La ruta matutina termina a las 12.30 horas en la parroquia de Miño. Ya por la tarde, oficia misa en Vilarmaior a las siete. El día anterior también lo hizo en Bemantes en sesión vespertina. Este sacerdote de 75 años recorre cada fin de semana 57 kilómetros por carreteras «de segunda o tercera» para atender a todas las parroquias. No se queja, dice que lo lleva bien pero le gustaría que «los sacerdotes de la ciudad también se manchasen los zapatos en las aldeas». Cree que de este modo el trabajo estaría más repartido: «Como no hay curas hay que seguir haciéndolo», reitera. Conduce con cuidado porque es consciente del peligro que hay en la carretera, sobre todo, en las vías secundarias por las que acostumbra a ir. No ha tenido mayores problemas aunque más de una vez le ha parado la Guardia Civil: «Por suerte yo nunca tuve problemas», asegura.

Medio siglo en Abegondo

A sus ochenta años, Evaristo Mallón es uno de los religiosos en activo más veteranos de la comarca. Lleva más de medio siglo como sacerdote de las parroquias San Esteban de Cos y Santiago de Meangos, en el municipio de Abegondo. También presta servicio a las de Santa María y San Vicente de Vigo, Cines, Cuiña y Cullergondo. En todos estos años no se ha visto involucrado en ningún accidente de circulación. Su vehículo, un Peugeot 306 que lleva con él más de una década, jamás le ha dejado tirado. «Solo algunas averías, pero poca cosa». Evaristo ni siquiera ha tenido un pinchazo que le impidiese llegar a tiempo a su destino. «Me gusta ser puntual», apunta.

El único contratiempo que le dejó fuera de las carreteras fue un atropello. Fue en el 2009 cuando una moto le golpeó mientras atravesaba por un paso de peatones en la Ponte Vella de Betanzos. El párroco recibió el impacto del casco del acompañante que, junto a él, tuvo que ser ingresado en el Hospital Universitario de A Coruña. El sacerdote pasó toda la noche en observación. Por fortuna el suceso no tuvo mayores consecuencias.

Con esa salvedad, Evaristo Mallón recorre cada día la comarca. Su experiencia le permite medir los tiempos para poder desplazarse de una parroquia a otra con tranquilidad. «Ahora ya he consiguido no ir nunca apurado, voy con tiempo y así no tardo tanto en llegar a la siguiente». Aún así es precavido. «La misa de Cines de la una y media la puse un poco más tarde porque la de San Vicente es con órgano». El párroco reconoce que a sus ochenta años ya le va costando moverse tanto. También el vivir solo. Él es de la idea de que los curas rurales deberían vivir agrupados en una misma residencia. No obstante, como de momento no es así, ha preferido instalarse en Betanzos, donde vive próximo a sus familiares.

Al de Miño le gustaría «que los curas de ciudad se mancharan los zapatos»

«O problema é que todos os veciños queren que lles mises os domingos»

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