Nostián, el desafío pendiente de la coordinación


Resolver el tratamiento de los residuos generados por la sociedad es uno de los caballos de batalla de cualquier gobierno. A Coruña abrió un camino novedoso hace casi tres lustros. El hundimiento del vertedero de Bens, que le costó la vida a una persona, convenció al entonces alcalde, Francisco Vázquez, de que apilar la basura a las espaldas de la ciudad no era una solución acorde con una localidad que ya soñaba con ser puntera. Tras numerosas consultas, seleccionó un modelo pionero en España, pero ya en marcha en los países nórdicos y Alemania. Era el compostaje. Una solución mágica que convertía la mayoría de los desechos en energía y abono natural de gran calidad. Y el sobrante, compactado, se podía enterrar en una mínima porción de terreno.

El concepto era ideal. Con la incineración en el punto de mira de los avanzadillas ecologistas, un proyecto capaz de regenerar la materia, reciclar una parte y convertir otra en energía y abono, parecía la panacea. Pero una cuestión es el proyecto y otra bien distinta su plasmación en una realidad eficaz.

El proyecto, que pasó por las manos de Vázquez, pero también de Javier Losada, Carmen Marón, la ahora candidata y portavoz socialista Mar Barcón, Florencio Cardador y Nieves Vázquez a lo largo de los últimos catorce años, antes de recaer en Carlos Negreira y Enrique Salvador, tropezó primero con los problemas técnicos, incluida la explosión de un biodigestor que paralizó la planta de Nostián durante meses, y, sobre todo, con los políticos, con el enfrentamiento con la Xunta por la diferencia de modelos de tratamiento de residuos entre Sogama, con una apuesta decidida por la incineración, y A Coruña.

Viabilidad e intercambio. El PP hizo de los malos números de recuperación de residuos de Nostián un caballo de batalla. Prometió una auditoría nada más llegar al poder que se ha conocido esta semana. El informe, elaborado por KPMG, con uno de los auditores que más torpedeó la planta desde su puesto en los gobiernos autonómicos de Manuel Fraga. En el bipartito, con Pachi Vázquez de conselleiro de Medio Ambiente, se hizo el primer intento de buscar una salida lógica: la coordinación entre los dos modelos de gestión de basuras. Sogama mandaría los restos orgánicos a Nostián y esta los inorgánicos a Cerceda para incinerar. Se hicieron incluso algunas obras para acomodarse a las nuevas necesidades, pero los buenos deseos quedaron en nada. Y ahora, tres lustros después, Nostián está pendiente de un plan de viabilidad técnica y, sobre todo, económica.

La hora de aliarse. Tampoco es que Sogama esté para tirar cohetes. El nuevo tarifazo propuesto por la Xunta ha sublevado a todos los municipios, incluso los del PP, y la nueva planta prevista para el sur de Galicia también ha sido pospuesta. Quizá sea un buen momento para que las administraciones se entiendan y colaboren para optimizar las dos plantas.

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