El movimiento resurgirá en breve: «Hay más lugares para okupar»

J. B. a coruña / la voz

A CORUÑA

26 mar 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Lo prometieron en abril del 2011, cuando se desalojó la Casa das Atochas. «Un desalojo, otra okupación», clamaron a voz en grito por las calles del centro de la ciudad, entonces. A los pocos meses, todas las actividades que se venían desarrollando en el centro okupa de Monte Alto se trasladaron a un lugar imprevisible: el antiguo convento de las Oblatas, en Santa Gema. Se había hablado de otros inmuebles abandonados en la zona de Monte Alto y los Mallos. Pero los okupas, que cumplieron su promesa de reinventarse en otro lugar, sorprendieron. Totalmente.

La elección tenía mucho de simbólica. El edificio -de 3.500 metros cuadrados ubicado en una parcela de 6.500- ejemplificaba perfectamente la burbuja de la construcción. En el 2007 había sido comprado por Karpin Inmobiliaria, la empresa del ex futbolista del Celta de Vigo Valery Karpin. Pretendía hacer un negocio redondo: comprarla por siete millones de euros, lograr la recalificación de los terrenos, edificar y ver cómo se generaban los beneficios. Eran otros tiempos.

La crisis aborta los planes

En el 2008 llegó la crisis. Y, con ella, los problemas financieros de cientos de empresas constructoras. Entre ellas, la de Karpin, que había suscrito un crédito con la antigua Caixanova para la adquisición de las Oblatas. Al no poder hacer frente a los pagos, NCG Inmobiliaria la incorporó a sus activos en agosto del 2010. Se trataba de un edificio totalmente devaluado para su venta en la nueva situación.

Los okupas hicieron sus primeras incursiones en él en mayo. Ya en julio, se encontraban totalmente asentados. Una lona advirtiendo de que se trataba de un «espazo liberado» se veía desde el exterior. En el interior, un sinfín de actividades que incluían horticultura, mimos, teatro, conciertos, debates, proyecciones de vídeos o clases de defensa personal. Entre los vecinos no había quejas y, dada la situación del inmueble, todo apuntaba a que los okupas tendrían un centro para largo. De hecho, lo empezaron a rehabilitar poco a poco.

Compra del inmueble

En marzo del 2013 NCG Inmobiliaria logró la venta del edificio. Un empresario de Sada lo compró por 1,5 millones de euros y un fin: convertirlo en un geriátrico. Los okupas, que mostraban su rechazo a la sanidad privada, no abandonaron el centro. Pero la entrada de este nuevo actor agilizó los trámites en los juzgados. Había un procedimiento por vía civil y otro por vía penal. Finalmente se impuso la vía penal. El 17 de marzo terminaba el plazo para el desalojo voluntario dictado por el Juzgado de Instrucción número 7.

Los okupas prometieron resistir hasta el final. Pero lo cierto es que ya habían retirado la mayor parte del material, cancelando algunas de sus actividades. El lunes de la semana pasada se concentraron unas 30 personas. Ayer, apenas acudieron cinco. Algunos de los habituales se encontraban aún en Madrid, tras haber participado en las marchas por la dignidad. La historia de las Oblatas quedaba cerrada. No así la del movimiento okupa en la ciudad.

Lo exponen alto y claro claro: tomarán otro edificio. Todo apunta a que en los próximos meses los okupas pintarán sus símbolos antisistema en una nueva sede. «Hay más lugares para okupar», decían ayer a las puertas del centro. La historia se repite.