La herencia buena de ZP, ¿en liquidación?


Muchos se extrañaron cuando oyeron a José Luis Rodríguez Zapatero en un mitin en el Palacio de los Deportes anunciar la instalación en la ciudad de la sede principal del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología. ¿Qué es eso y para qué vale?, se preguntaron muchos entonces. Empezaba la búsqueda contra reloj de una sede acorde con las necesidades de espacio de un centro pionero. Se encontró una buena solución con el edificio Prisma, en el que la Diputación de los bipartitos había invertido varios millones de euros y que se encontraba vacío, llenándose de telarañas, como ahora ocurre con los centros de interpretación del Mandeo.

A Coruña puso la sede y el trabajo de Moncho Núñez y el museo fue cobrando vida con cierto retraso, pero con paso firme. En el 2011 se consolidó y hasta el pasado año, coincidiendo con la jubilación de su primer director, fue trampeando la difícil condición de ser un Museo Nacional con dos sedes y con el centro de decisión lejos de ese Madrid que lo fagocita todo.

La nueva directora, Marián del Egido, ha encendido todas las alarmas. Lejos de instalarse en la ciudad para dirigir desde aquí la instalación, seguirá en Madrid y busca un coordinador para A Coruña. Es decir, se invierten los papeles de la situación anterior con Núñez de director.

¿Otro Circe? Falta por ver si la ausencia de la directora se traducirá en un progresivo desmantelamiento de la infraestructura. La ciudad apostó hace casi tres décadas por convertirse en un referente de la divulgación. Las casas de las Ciencias, del Hombre y de los Peces se convirtieron en iconos de la ciudad. Con César Antonio Molina como ministro de Cultura, se puso en marcha un proyecto ya archivado: el Centro de Interpretación de Recursos Culturales Europeos (Circe). Su relevo por la cineasta Ángeles González Sinde aparcó el proyecto que el PP ha transformado en algo más local aunque con menos pretensiones, un necesario centro cívico de barrio.

Por eso, A Coruña no puede permitirse perder un signo diferencial como es el Muncyt, que le coloca en el mapa de los grandes museos y que refuerza la apuesta de la ciudad como centro divulgador. Le toca al alcalde, Carlos Negreira, y a sus directos colaboradores, ponerse el traje de faena y conseguir que uno de los escasos legados positivos de ZP siga en pie. Descapitalizar el museo y permitir esa extraña organización es el primer paso para perderlo. Luego, de poco valdrá lamentarse.

El tirón de Rivera. Mientras los grandes partidos pierden peso en las encuestas, la apuesta de Carlos Marcos por vincularse con Albert Rivera y su Movimiento Ciudadano le está reportando un importante incremento de simpatizantes. Las últimas apariciones públicas le han reportado a Unión Coruñesa un importante goteo de altas, con casi un centenar de nuevos afiliados en sus filas. ¿Bastarán para alcanzar las puertas de María Pita?

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