Auschwitz en el árbol genealógico

Toni Silva BETANZOS

A CORUÑA

CÉSAR DELGADO

A través del apellido Boudin, un abogado de Betanzos ha descubierto el terrible final de parte de su familia oriunda del barrio judío de Bayona

24 nov 2013 . Actualizado a las 14:01 h.

La vida laboral de un abogado es irregular. Tan pronto ha de robar horas a las noches para cumplir con su clientela, como se encuentra con un stock de tiempo libre. Eduardo Aguiar Boudin, encargado de defender esta semana al propietario de la casa gótica de Betanzos, dedica parte de sus horas de ocio a ahondar en su apasionante árbol genealógico, donde se ha encontrado un trozo de la historia más espeluznante de la Europa del siglo XX. Porque una rama no muy lejana de su familia perdió la vida en el campo de concentración de Auschwitz.

Para ordenar su relato, Eduardo se remonta primero hasta la figura de su bisabuelo, Charles Edmond Boudin, un francés de la localidad fronteriza de Bayona. Es su matrimonio con Rebecca Elodie Pereyre quien enfatizará la condición judía en la descendencia. «Pereyre es un apellido muy común entre los judíos expulsados de España», señala el abogado betanceiro.

El matrimonio tuvo tres hijos con nombres de evidente sensibilidad hebrea: David, Isaac y Jacob, este último abuelo de Eduardo, y quien huyó de Francia cuando empezaba la presión sobre la población del barrio judío de Bayona, en el sur del país. Viajó a España donde tardó en instalarse de forma definitiva. Vivió en Madrid, Sevilla y Zaragoza, entre otras ciudades, hasta que recaló en A Coruña, donde ejerció de dentista tras casarse con una mujer oriunda de Tui. Los hermanos de Jacob Alfred corrieron una suerte muy diferente, según acaba de descubrir su sobrino nieto. «Primero fueron trasladados al campo de Drancy, en las afueras de París. «Aquel lugar era igual que el gueto de Varsovia, los judíos no podían salir de esas manzanas de edificios y desde allí los repartían por los diferentes campos de concentración», señala Aguiar Boudin, quien reconoce el exhaustivo control y fiscalización de los nazis en todos los movimientos que hacían. «Identificaban quién iba en cada vagón, con nombres y apellidos, y a cargo de qué militar nazi», explica. Así pudo descubrir recientemente el vagón en el que los hermanos de sus abuelos fueron trasladados al campo de Auschwitz, así como las fechas en que pusieron el pie por primera vez en el campo polaco. «Aquello fue en 1944. De los 65.000 desplazados de Drancy a los campos de concentración de Auschwitz y Sobibor -más cerca de Varsovia-, solo sobrevivieron dos mil, era una cuestión de probabilidad».