La imposible ecuación de turistas sin conexiones aéreas


La Tall Ships Race se fue con el viento (poco) durante la última semana dejando tras de sí sensaciones contrapuestas. La mayoría -organización, Ayuntamiento, regatistas, comerciantes, hosteleros y ciudadanos en general-, muy satisfechos de un fin de semana repleto de actividades lúdicas diferentes en un marco sensacional y con un tiempo extraordinario. Los menos, fundamentalmente el BNG, haciendo su papel de oposición, a todo, y criticando casi todo, desde el método del cálculo de visitantes al coste de la escala de la regata en la ciudad que, por cierto, firmó el concejal denunciante, Xan Martínez Cajigal, en su etapa como edil de gobierno. El impacto económico del evento, cifrado entre diez y quince millones de euros para una inversión de poco más de 250.000, es evidente. Y el deseo de que eventos multitudinarios de este tipo, capaces de captar los públicos más heterogéneos, se repitan, también, como expresan hoteleros, hosteleros y comerciantes con cierta asiduidad, a pesar del escaso eco que sus propuestas encuentran en el Consorcio de Turismo de A Coruña.

Pero no todo han sido buenas noticias para la ciudad y el turismo. Tras semanas amagando, EasyJet confirmó otra vez más su espantada. El incremento de las tasas aéreas ha llevado a la aerolínea a cancelar su proyecto de instalar una base en Madrid. Y, como fichas de dominó, las rutas que debían abastecer ese hub se han ido cayendo una tras otra. De poco sirven ahora los lamentos. EasyJet se va con el viento ante la impotencia del Ayuntamiento, de la concejala de Turismo y de la gerente del consorcio, cuya receta de futuro para Alvedro se limita a esperar que el desembarco en el aeródromo de Iberia Express -aún sin fecha- se convierta en la panacea que remedie todos los males. Craso error.

El Consorcio de Turismo de A Coruña ha concentrado su trabajo en el último año en las redes sociales y en la promoción en ferias de distinto pelaje cuya traducción en visitas se desconoce. El presidente de los hoteleros avisa de las caídas de visitantes, pero son muchos los empresarios que aseguran que están ante el peor año en cuanto a ocupación hotelera de toda su existencia. Y todos ellos apuntan con el dedo hacia la deficiente explotación de Alvedro. La desaparición de Spanair, la reducción de frecuencias a otros aeropuertos y la nula capacidad para captar nuevas aerolíneas han provocado una pérdida de casi treinta mil usuarios mensuales. Un duro golpe para una ciudad que vive fundamentalmente de los servicios y cuyo aeropuerto es una de las piedras angulares para abastecer de clientes al tejido económico.

De poco valen las campañas de publicidad, las pegatinas y pines de «Alvedro nos une» y los pequeños gestos de apoyo. El aeropuerto exige una apuesta mucho más firme y decidida, capaz de revertir una caída permanente de pasajeros. Confiar en la buena voluntad de las compañías está bien de cara a la galería. Pero Alvedro no puede estar a expensas de los caprichos de la suerte o la economía coruñesa lo pagará.

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