Cien mil kilómetros y 17 años de solidaridad

Enrique Rodríguez, un anestesista coruñés, ha viajado 22 veces a Tinduf y ha participado en más de mil operaciones


A Coruña / la voz

A mediados del pasado mes de julio eran liberados dos cooperantes españoles que casi diez meses antes habían sido secuestrados en Tinduf. El anestesista coruñés Enrique Rodríguez se sorprendió cuando escuchó las noticias sobre el secuestro: «Aquel es uno de los lugares más seguros del mundo. Está a muchos kilómetros de cualquier otra zona habitada y hay bastantes militares controlando la región». De hecho, el ejército saharaui persiguió durante horas, sin éxito, a los captores. En las últimas semanas la seguridad de los cooperantes en esta zona ha vuelto a ser motivo de debate, sobre todo después de que el Gobierno ordenara la repatriación de los mismos.

Hace unas semanas, Enrique Rodríguez estuvo por última vez en el desierto de Argelia. En ese viaje participó, en solo una semana, en más de treinta operaciones de urología en colaboración con una ONG de Jaén.

La primera visita a la zona de este anestesista había sido el 26 de noviembre de 1996, y desde entonces no ha parado de ayudar hasta sumar 22 viajes, varios cada año, superando los 100.000 kilómetros. Ha realizado más de mil intervenciones y Tinduf ha sido su principal destino, pero también ha estado en Nicaragua o Perú. En el país andino se llevó a cabo la primera misión de Solidariedade Galega, la organización que ahora preside Rodríguez. En la región de Nueva Segovia colaboraron en la construcción de un hospital que ahora es el cuarto en volumen de operaciones en el país. Toda una señal de lo que se puede hacer cuando se arrima el hombro.

El tiempo para ser solidario hay que descontarlo de las vacaciones y Enrique Rodríguez también pasa sus días libres rodeado de sol y arena, como otros compañeros, pero al mismo tiempo contribuye a que la vida de otros pueda ser mejor. Suelen ser períodos de una o dos semanas. Pese a la barrera del idioma, los médicos establecen una relación estrecha con los pacientes: «Son muy hospitalarios. El ritmo de vida allí es muy distinto porque están en el medio de la nada. Apenas tienen recursos más allá de la subsistencia. No hay agua corriente, duermen en colchonetas... Pero continuamente insisten en invitarte a un té y te ofrecen regalos. Se nota que están agradecidos con nuestra ayuda».

Actualmente no es el mejor momento para estas iniciativas solidarias. Tras el mencionado secuestro, se notó un descenso en el número de cooperantes y la falta de subvenciones por la crisis no ayuda a que se mantengan niveles de años anteriores. Pero Enrique Rodríguez ya piensa en su próximo viaje.

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