Polos opuestos que se atraen

Charly Suárez entrena al Calasancias de voleibol y al remo de Perillo


a coruña / la voz

Norte o sur, par o impar, blanco o negro. Son parejas de palabras antagónicas que pasan inadvertidas en el día a día. Pero hay otras que no pegan. Que llaman la atención. Como el voleibol y el remo, dos deportes con muy poco en común, y que, sin embargo, son la rutina diaria de Charly Suárez (A Coruña, 1979). Este coruñés entrena a las categorías juvenil y sénior del Club de Regatas Perillo y también al equipo femenino de voleibol del Calasancias. «Son los dos deportes que más me han apasionado en la vida, y poder compaginarlos es un sueño», asegura Charly.

Su vida es el deporte. Estudió INEF, tiene un máster en alto rendimiento deportivo y está haciendo una tesis doctoral sobre el voleibol. Intenta transmitir la experiencia alcanzada a sus 31 años tanto jugadoras como a remeros.

Vuelta a casa

Esta es su segunda etapa en el voleibol coruñés. Antes entrenó al Marineda, el antecesor del actual Calasancias, pero entre entre los dos ciclos llegó a ser el segundo entrenador del equipo monfortino de A Pinguela, que militaba en Superliga. Cuando empezó a preparar a las chicas del Calasancias le surgió la oportunidad de entrenar también al Perillo. Y no quiso dejarla escapar. «Es mi equipo de remo de toda la vida, y me hacía ilusión. No me lo pensé dos veces», afirma.

Las disciplinas son totalmente opuestas a nivel deportivo. Fuerza contra habilidad, resistencia frente a velocidad. «Incluso a la hora de preparar psicológicamente a unos y otras, son muy distintos», asegura este entrenador.

En una regata, el agotamiento puede llevar al remero a la extenuación. En el voleibol, tal vez no. Pero existen otros factores, como los reflejos, que aunque no son importantes para los remeros, son cruciales para las jugadoras a las que entrena. «En el fondo, me da la impresión que cuando gano algo en alguno de los deportes, lo estoy perdiendo en el otro», explica Suárez.

Por si las diferencias eran pocas, a su labor se une una más: entrenar a un equipo masculino, y otro femenino. Confiesa que le resulta más complicado entrenar a las chicas: «El trabajo de psicología que se hace con ellas es mucho más importante. En remo es más fácil de encauzar».

La única similitud que Charly encuentra entre ambos es a la hora de controlar los gestos técnicos y movimientos de los deportistas, aunque una actividad sea en tierra y el otro en mar. «En ese aspecto el trabajo es parecido -explica-. Primero lo grabamos en vídeo y después lo vemos antes del entrenamiento para ver los fallos y poder corregirlos».

Estrés constante

«Compaginarlos es algo difícil, pero con buena voluntad todo se consigue», afirma Charly. Trabaja en un gimnasio hasta las seis. De ahí, corriendo para el Club de Regatas Perillo, donde primero entrenará a los juveniles y después a los séniores, tanto en el mar como en el gimnasio. Termina a las nueve y se marcha para el pabellón, donde estará dos horas con el equipo femenino del Calasancias. La temporada de voleibol arranca en septiembre, y la de remo un mes después. «Durante los siete u ocho meses que coinciden vivo en un estrés constante», asegura. A pesar de todo, espera seguir con este ritmo de vida.

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