Socialista hasta el final

Lector incansable, apasionado de la Red y experto gestor, ha acumulado cargos 28 años, «pero ser alcalde es lo máximo»


A Coruña / la voz

Las urnas han puesto fin al mandato de un municipalista convencido. Porque Javier Losada (16 de julio de 1955) se ha labrado fama de buen gestor y apasionado de la administración más cercana durante los 28 años en los que ha permanecido en distintas responsabilidades en María Pita.

Lejos queda aquel 23 de mayo de 1983 en el que este vecino de Pío XII, que jugaba en la plaza de los Huevos, ahora rebautizada como del Humor, entró por la puerta del palacio municipal para tomar posesión de su acta concejal. Era el número catorce de la primera mayoría absoluta de Francisco Vázquez, el edil más joven de la corporación y un devorador de experiencias con la libreta de aprender abierta para tomar nota de todo.

Acababa de afiliarse al PSOE unos pocos meses antes, tras el intento de golpe de Estado del 23-F. Militar no era nuevo para él, que se había fogueado en las Juventudes Obreras Católicas casi al tiempo que completaba sus estudios en la Facultad de Medicina de Santiago, antes de especializarse como anestesista.

Nunca dejó la sanidad. Ejerció de forma regular, algunas tardes a la semana, en el Modelo, hasta que el 24 de marzo asumió las responsabilidades del que hasta entonces había sido su modelo, Francisco Vázquez. Tras la marcha de este al Vaticano como embajador, asumió el bastón de alcalde. «Es lo máximo a lo que puede aspirar un político, a ayudar a que sus vecinos vivan un poco mejor», dijo entonces, eufórico, para corroborar su condición de municipalista convencido y practicante.

El mejor aval de este padre de dos hijos, vecino de la plaza de María Pita al que algunos confunden con Rubalcaba por su estética, además de la confianza de Vázquez en su incipiente carrera, era el paso por todas las áreas de gobierno, salvo Fiestas.

Incansable lector, aficionado a la lectura negra acompañada de un buen puro, placer que se reserva para momentos muy contados, también es un tímido patológico. En los seis años que ha ejercido como alcalde ha conseguido superar parte de ese aspecto de su carácter.

Consenso

Presume de ser una persona de consenso y diálogo, pero ha dirigido la Agrupación Socialista Coruñesa con mano de hierro desde que Paco Vázquez delegó todas sus competencias orgánicas en él hace más de tres lustros. En su haber está la fusión de las tres agrupaciones locales que había en la ciudad hasta 1995 en un proceso traumático que ha generado muchas brechas que aún siguen latentes en la militancia socialista y que ahora se han reabierto con la derrota en las urnas.

Apasionado de las nuevas tecnologías, siempre se ha destacado como una persona leal. Por eso, fue uno de los cuatro que en el comité federal en el que Zapatero anunció su renuncia a encabezar la lista socialista en el 2012 se levantó y le dijo que no estaba de acuerdo, que debía reconsiderar su dimisión, ante la mirada estupefacta de muchos de sus compañeros de ejecutiva, rendidos al clamor popular que pedía la cabeza del presidente del Gobierno. «Lo hice convencido, porque ha sido un gran alcalde para la ciudad», contaba luego, poco antes de ser uno de los pocos que se atrevió a invitar al propio Zapatero a participar en un mitin en su campaña.

Suyo fue el empeño de modernizar la administración municipal. Impulsó las nuevas tecnología, convirtió la Empresa Municipal de Aguas en un agente inversor a través de una filial, creó una estructura casi empresarial para dinamizar el trabajo de los funcionarios y concedió a Carmen Marón los galones de segunda, para disponer de una economía municipal saneada.

Se le achaca haber sido excesivamente servil con los gobiernos socialistas, primero con Pérez Touriño y ahora con Zapatero, frente a la beligerancia mostrada ante Feijoo y sus conselleiros. «He conseguido lo que me proponía: la depuradora, la tercera ronda, la ampliación de Alvedro, la intermodal....», dijo.

En las urnas del 2007 ganó las elecciones, pero se quedó en once ediles tras pedir el voto «de los que nunca nos han votado». Optó por pactar con el BNG y romper amarras con su pasado. Las relaciones con Vázquez se habían enfriado, pero la alianza con el Bloque, el azote del vazquismo, quebró los puentes y acabó con una relación de más de cinco lustros que ya nunca se recompondría.

Quiso dejar su propio sello a la ciudad y el plan E le dio un maná de millones para renovar la ciudad con el que ha dejado su huella en más de 500 calles.

Fan confeso de la filmografía Sofia Loren, protagonista de La caída del imperio romano, hizo de los servicios sociales el eje de su gobierno y bajo la máxima «no dejar a nadie a su suerte», implantó el talón-restaurante o el servicio de canguros. En su mandato, cayó, tres décadas después, Penamoa, y puso en marcha el plan general, pendiente de aprobación. Defensor del trabajo en equipo, ahora lo hará en el Senado, al menos durante el próximo año, donde podrá compartir confidencias por Madrid con su inseparable Carmen Marón.

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